Un elogio que para un escritor que publica artículos sólo lo es en apariencia: «Estoy de acuerdo contigo».

***

Yo no quiero que la gente esté de acuerdo con mis artículos; quiero que, no estándolo, odiándolos incluso, agradezcan íntimamente que los haya escrito.

***

Dice José F. Peláez que escribimos para que nos quieran. Él es bueno. Yo, celoso como soy, escribo para que los que me quieren no quieran más a otros.

***

No hay nada en esa trama de seres y fenómenos que llamamos «realidad» indigno de ser cantado. Sólo hay trovadores incapaces de hacerlo.

***

La vida es maravillosa a condición de que uno no la atosigue con sus expectativas.

***

El gran problema de la intelectualidad contemporánea es que ha degrado la realidad a datos y el pensamiento a cálculo, consecuentemente.

***

La curiosidad es el atributo intelectual de los hombres dispersos.

***

El culmen de la vida intelectual: que nuestra palabra se corresponda con nuestro pensamiento y éste, a su vez, con la realidad.

***

El culmen de cualquier vida: que la palabra se encarne en actos y ambos se funden en el amor.

***

Incluso el discurso más bello deviene estridente si su autor no lo vive.

***

Mi objeción contra la ciencia es que puede hacernos insensibles a esa verdad que cimienta todas las demás: que la existencia es inexplicable como un milagro.

***

¿Cómo no va a decaer la poesía cuando ya nada es lo que era y todo son recursos? Recursos naturales, recursos humanos, recursos, ay, literarios…

***

Dice mucho del mundo en el que vivimos que nuestro ocio sea más una evasión que una celebración.

***

Baudelaire le pide a Dios la gracia de mirarse al espejo sin sentir asco. Yo le pido exactamente lo contrario: la de mirarme al espejo sin envanecerme. Tal vez en el justo medio esté la virtud.

***

¿Que cómo sé que te quiero? Fácil: no escribiría ni una sola línea más si esa renuncia implicase, de algún modo misterioso, tu felicidad.