DESDE LA TRINCHERA

Las pupas de Dios

El lenguaje torcido de los niños, sin saberlo, acierta más que el nuestro

Aprender a buscarlo en este mundo

Narnia no era sólo un mundo fantástico. Nunca lo fue. C. S. Lewis lo sabía bien. Por eso no escribió una alegoría cerrada, sino un relato hospitalario

Uno piensa que las cosas son para siempre

A veces crecer consiste en regalar lo que más quisiste para que otros puedan quererlo también

Volver a mirar

El amor no siempre necesita milagros grandes, a veces basta con entrar en casa cinco minutos antes y mirar como si fuese la primera vez

Una teología de lo pequeñito

Dios tiene esa costumbre de colarse en lo pequeño. Se desliza en los márgenes de los días para recordarnos que la vida, incluso herida, sigue siendo un regalo

La ternura como rebeldía

La única revolución que dura es la de los que aman con miedo, pero aman igual

Los buenos ojos que nos leen

La vida no se mide por la aprobación de extraños ni por premios, sino por la atención y cariño con que alguien cercano nos mira

La casa cerrada

El alma sólo revive cuando acepta volver a mirar hacia fuera, hacia los demás, hacia la vida

Recoger esa miguita que nos cae

Cuando el día se hace cuesta arriba, conviene recordar —quizá poniéndonos una vez más Los chicos del coro— que no estamos llamados a hacerlo todo

«Estaré por aquí», un adiós fordiano

Irse es aceptar la ley secreta del tiempo: nada dura y no somos dueños de lo que amamos

Tú serás siempre uno más

La certeza de que alguien contará contigo aunque sólo seas un grumete torpe y entusiasta