Una mirada cervantina a León XIV

Sólo cabe desear que a nuestra mirada alzada, León XIV devuelva una voz alzada. España necesita escuchar la voz libre de su pastor

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La sabiduría popular de nuestra Carta Magna, que no es la constitución del 78 sino la vida y milagros de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, nos ofrece algunas pistas para interpretar la venida del papa León XIV a España. Aunque llevamos semanas y meses leyendo toda clase de análisis intempestivos y guías rocambolescas para descifrar la personalidad de nuestro pontífice, lo cierto es que España se entiende mucho y muy fácil leyendo nuestro texto fundacional. Las complicaciones nunca son tales.

Empecemos con una primera perla: «¿Acaso es tiempo malgastado el que se gasta en vagar por el mundo?». Por boca de don Alonso Quijano, Cervantes plantea un interrogante que estos días previos a la visita del papa cobra actualidad: ¿Por qué vaga León XIV por el mundo? ¿Tiene sentido que nos visite un pontífice? ¿Serán sus días en España «tiempo malgastado»?

Los detalles conocidos por la prensa nos hacen dudar, ay, del sentido de la visita. León XIV, en su primer gran Viaje Apostólico europeo, va a recorrer España con la lengua fuera, reuniéndose con colectivos de lo más variopinto. Pero no parece que vaya a ser en balde: después de quince años de ausencia papal en una de las tierras que más santos ha dado a la Iglesia, la sociedad española parecía sedienta de esta visita. Si la tarea del Santo Padre es la de confirmarnos en la fe, España lleva más de una década mendigando esa confirmación. Porque Rosalía está fenomenal, pero ni confirma, ni fe, claro. Una cosa es ir a ver Los Domingos y otra muy distinta que el sucesor de Pedro venga a verte a ti.

Dicho esto, no podemos obviar que este itinerario de visitas, encuentros, predicaciones y reuniones esconde su punto de polémica. Que el domingo por la tarde, después de caminar con el Santísimo Sacramento por las calles de Madrid, el papa tenga que escuchar una mesa redonda con sindicatos y patronal es poco halagüeño. Me imagino a León, sentado en la primera fila del Palacio de Deportes —que así se llama—, atónito ante un foulard imposible de Pepe Álvarez, secretario general de UGT. Es el Quijote quien de nuevo nos recuerda sabiamente que «cada uno es artífice de su ventura». Pero no así el papa. Habiendo heredado un deseo de su antecesor —«espero poder ir a Canarias», dijo Francisco—, el pontífice americano se ha encontrado con una yincana imposible. Jesús advirtió: «Cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».

¿Y qué esperar de su recepción con Pedro Sánchez en la Nunciatura Apostólica? ¿Cómo interpretar su histórico discurso —histórico, esto sí— ante las Cortes Generales? ¿En qué quedará su conocimiento de la realidad de la inmigración en Canarias? ¿Y su zarandeo con el sector nacionalista de la Iglesia en Cataluña? Cervantes nos ofrece otra pista: «Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades».

Nada como rescatar un pasaje esperanzado para mirar con media sonrisa —un cuarto de satisfacción y otro cuarto de escepticismo— lo que espera a León XIV. Amargas dificultades se van a dar, tengámoslo por seguro: Yolanda Díaz santiguándose como una hospitalaria de Lourdes, himnos musicales más discotequeros que litúrgicos, medio Congreso manipulando sus palabras sobre la dignidad humana —la generosa mitad que abandera el aborto—, apologías públicas de este cruce-de-caminos en que se ha convertido la capital de España, y así tanto más. Pero los católicos, alzando la mirada, debemos confiar en las dulces salidas de nuestro pontífice. León XIV ha demostrado poseer una enorme libertad interior, y hablará cuando deba hablar, y callará cuando deba hacerlo. Let him play!

Será la perspectiva del tiempo, «descubridor de todas las cosas» —Cervantes de nuevo—, la que nos desvele el sentido de esta visita. León XIV tiene un profundo amor a España y son muchos los signos que nos lo demuestran. Hace apenas una semana aprobaba la beatificación de 80 mártires de la Guerra Civil, algunos arrojados vivos al mar y otros quemados. El Santo Padre, pues, se dispone a visitar un país que lo espera con los brazos abiertos, aunque algo inquietos por la novedad. Sólo cabe desear que a nuestra mirada alzada, León XIV devuelva una voz alzada. España necesita escuchar la voz libre de su pastor. «Es por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida». Es sabiduría popular.