Lecturas de piscina

Llévense este Haleakaloha al borde de la piscina, sírvanse algo fresco y disfruten de los artículos, que este mes no tienen un hilo conductor

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Este mes, lo confieso, mi atípica revista de prensa no tiene hilo conductor. Hay música, literatura, historia, fútbol. Visitamos la Inglaterra de los noventa, la Unión Soviética crepuscular o los clubes de la edad de oro del jazz. Llévense este Haleakaloha al borde de la piscina, sírvanse algo fresco y disfruten de los artículos que más me han gustado en el mes de junio.

Esperanza Ruiz dedica su última columna a una joven compañera de autobús. «No era la más alta ni la más guapa, ni vestía de un modo particularmente diferente», la describe. «Pero tenía algo. Conservaba mucho de niña en su cara aún redonda y en la risa fresca. Tenía la timidez de quien no necesita ser evidente. Se mordía las uñas y su pelo no era liso y larguísimo, sino un rebaño de cabras descendiendo las laderas del Galaad». Si quieren saber qué hacía distinta a la muchacha, pásense por La Gaceta. Me permitiré solo un pequeño spoiler, por si todavía no he despertado su interés: en el último párrafo se asoma Indro Montanelli.

En Nuestro Tiempo, Carlos Veci, historiador brillante y ameno —combinación nada frecuente en España—, nos lleva de excursión a Chernóbil. «Lejos de inspirar soluciones escépticas», el incidente nuclear, nos dice, «recuerda que el poder exige tanta delicadeza como humildad y criterio».

No importa si son amantes del jazz o si les aburren los solos interminables: no se pierdan lo de Hughes en Ideas, el suplemento cultural de La Gaceta. El protagonista: Miles Davis, Miles a secas, uno de los iconos del siglo XX. «Miles se cansaba rápido o se superaba y en ese zigzag llevaba el jazz del fraseo previsible a las puertas lisérgicas del universo, de los clubes bop de Nueva York a los grandes estadios, y él mismo pasaba, de sus ropas de chico negro de la Ivy League a ir vestido, al final, del japonés Issey Miyake, con hombreras enormes, brillos, estampados pictóricos, ropas desestructuradas y grandes gafas de sol de estrella incomparable».

Javier Torres viaja en el tiempo y en el espacio y nos lleva a Wembley, 1996. «Paul Yong entona God save the Queen minutos antes del Inglaterra-Alemania en las semifinales de una Eurocopa inolvidable. La atmósfera es de una calidez y una elegancia abrumadoras. Los once futbolistas, sin excepción, cantan el himno nacional. Ninguno mira al suelo o chapurrea con desgana. La capital del antiguo imperio británico se muestra al mundo en unas coordenadas reconocibles». Las comparaciones nunca son odiosas. Su artículo lo publica La Gaceta.

Si estos artículos les saben a poco y siguen con sed de lecturas, Enrique García-Máiquez nos trae en su barbería de El Debate una recomendación libresca: La comedia humana de William Saroyan. «El hilo conductor es un amor que, como aquella llama de Quevedo, sabe atravesar el agua fría y demás accidentes de la vida y de la guerra».

Para cerrar, reportaje desde la Feria del Libro. Clara Esteban nos relata en esta casa, LA IBERIA, su frustrada caza de la firma de Gospodinov. En la cola, el calor sofocante le despierta unas reflexiones con mucha miga sobre el peso del azar en nuestras vidas. «Me pregunté cuántas veces habría confundido la mala suerte con la buena o la buena con la mala, cuántos disgustos me habrían evitado otros mayores y cuántas decisiones importantes de mi vida dependerían de detalles tan absurdos como un retraso de una hora, una conversación casual o un supuesto evento corporativo celebrado un domingo por la tarde».

Feliz lectura y buen verano. En julio recibirán otra postal desde la isla de Haleakaloha.