Lenny Kravitz y la mano de Dios: un viaje de fe, rock y autodescubrimiento

'Let Love Rule' no es sólo el título de un disco, ni de unas memorias, es el manifiesto vital de un hombre

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Esta es la historia de una vocación temprana que, pese a una germinación a fuego lento —rechazó contratos con las más grandes discográficas hasta dar con su propia voz— tendría final feliz. A diferencia de otras biografías de estrellas del rock, las memorias de Lenny Kravitz: Let love rule (2020) ofrecen una mirada introspectiva de los comienzos de uno de los músicos más icónicos del rock contemporáneo. No es una autobiografía convencional de excesos; es una crónica detallada de cómo Leonard Albert Kravitz se convirtió en el artista que conocemos hoy.

Kravitz describe su infancia como una constante oscilación entre dos mundos opuestos. Nacido el 26 de mayo de 1964, se define a sí mismo como «profundamente dual» su mundo era el yin y el yang, geminiano: judío por parte de padre y católico por su madre. Blanco y negro. Esta mezcla, que en su momento le causó confusión, terminó siendo el motor de su sonido ecléctico.

Nacido en Manhattan, Nueva York como hijo único de la actriz afroamericana de ascendencia bahameña, Roxie Roker y del boina verde, promotor de jazz y productor de televisión de ascendencia judía ucraniana: Sy Kravitz. Le llamaron Leonard por su tío, fallecido a los 19 años en la guerra de Corea. Kravitz explora su rica herencia detallando cómo las sinagogas y las carnicerías kosher de Brooklyn, convivieron con sus raíces caribeñas.

Desde temprana edad, Lenny ya quería ser músico y tocaba la batería con los cubos de detergente, sartenes y ollas de su madre. El libro relata encuentros mágicos, como cuando a los seis años Duke Ellington lo sentó en su regazo mientras tocaba el piano, o la profunda impresión que le causó ver a los Jackson 5 en el Madison Square Garden y a James Brown —eventos que describe como epifanías religiosas que sellaron su destino como performer—.

Creció entre el ambiente intelectual y multicultural del Upper East Side y Brooklyn, para luego mudarse a Beverly Hills cuando su madre, consiguió un papel en la exitosa serie The Jeffersons. Allí Lenny cantó en el coro de una iglesia, descubrió el rock y en el instituto aprendió a tocar el piano y el bajo. A pesar de venir de una familia con conexiones en el espectáculo, Kravitz se marchó de casa a los 15 años —por la asfixiante convivencia paterna— y llegó a vivir en un coche alquilado por cinco dólares al día mientras trabajaba fregando platos para pagar sus primeras grabaciones.

Antes de su debut musical, Lenny Kravitz intentó triunfar bajo el pseudónimo de Romeo Blue, usando lentes de contacto azules y un estilo inspirado en el New wave y artistas como Prince o David Bowie. El libro detalla su frustración al recibir constantes rechazos de discográficas que le decían que su música «no era lo suficientemente negra» o «no era lo suficientemente blanca». Fue una etapa de autodescubrimiento en busca de su identidad musical. Fue su encuentro y posterior matrimonio con la actriz Lisa Bonet lo que le dio la seguridad para abandonar el personaje de Romeo Blue y abrazar su verdadero nombre y sus raíces rock/soul. Bonet fue su musa en su primer disco, donde decide buscar inspiración en los grandes músicos de los años 70 como Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Stevie Wonder, Curtis Mayfield o Kiss. Así, Let Love Rule (1989): se convierte en el debut que sonaba a 1969 en pleno 1989. Psicodelia, funk suave, rastas y amor libre. Temas como Let Love Rule —el cual inspira el título de sus memorias— o Mr. Cab Driver gritaban «soy diferente» cuando nadie lo pedía. No explotó en los Estados Unidos de entrada, pero en Europa y Sudamérica se volvió un álbum de culto. Supuso el nacimiento de un dios del rock retro que no pedía permiso.

Aunque sus memorias cierran en 1989, su legado se expandió en las décadas siguientes con álbumes imprescindibles:

Mama Said (1991): Aquí Lenny se rompe el alma. Post-divorcio de Lisa Bonet, depresión pura convertida en oro. It Ain’t Over ’til It’s Over es una balada que duele en el pecho, Always on the Run —con Slash a la guitarra— es furia contenida. Este disco es Lenny vulnerable y furioso a la vez. Multi-platino en varios países. Este álbum es el que lo consolidó. Are you gonna go my way? (1993): El himno. El riff que te parte la cara desde el segundo uno. Este álbum es rock pesado con alma Hendrix, sexo y revolución. Vendió millones, ganó Grammys y definió los 90 para muchos. Si no te mueve este disco, no tienes sangre en las venas.

Circus (1995): Más oscuro, más introspectivo. Temas como Rock and Roll Is Dead o Can’t Get You off my Mind muestran a un Lenny en crisis, pero con grooves asesinos. No fue el más vendido, pero tiene garra y profundidad. 5 (1998): El renacer. Electrónica sutil, Pro tools, funk futurista. Fly Away es el himno que lo llevó al estrellato masivo —Grammy incluido—, American Woman —cover imprescindible— lo hizo inmortal. Este álbum es Lenny diciendo «sigo aquí, más fuerte que nunca». Críticos lo amaron, los fans lo veneran. Lenny (2001): Más personal, más desnudo. Dig in, Stillness of Heart, baladas que te atraviesan el alma. Otro Grammy. Suena a hombre maduro que no perdió la chispa, solo lo refinó. Clásico subestimado.

Baptism (2004): El más flojo de la era clásica. Intenta renovarse pero se queda a medio camino. Where are we runnin? y Storm salvan el día, pero no alcanza la altura de los anteriores. Aun así, Lenny sigue siendo el Lenny: sexy, honesto y rockero. It is time for a love revolution (2008): Vuelta al rock puro, político y sexual. Love Love Love, I’ll Be Waiting son energía explosiva. Mejores críticas en años, ventas sólidas. Lenny gritando que el amor es la revolución. Potente. Black and white America (2011) Reflexión sobre raza, amor y sociedad. Stand, Push, temas profundos con grooves irresistibles. Demuestra que con los cuarenta, seguía evolucionando sin traicionarse. Strut (2014) Funk-rock descarado. The Chamber, Sex —literalmente sobre sexo—. Es Lenny en modo seductor total. Bailongo, crudo, travieso. Raise vibration (2018) Espiritual, groovy positivo. Lenny en paz consigo mismo, pero sin perder la intensidad.

Blue electric light (2024) El último hasta la fecha. A los 60 años, Lenny suena fresco, eléctrico, con riffs que matan y letras de amor eterno. TK421, Honey, Human es un regreso triunfal. Críticos lo llaman Lennaissance. Sigue siendo el rey del rock sexy. Se gusta y me gusta.

Ser fan de Lenny Kravitz no es sólo disfrutar su música es haber encontrado un compañero de ruta que entiende que la vida late con algo mucho más grande que el ruido del mundo. Desde la primaria cuando su voz entraba por los auriculares o por la radio me hacía sentir especial, menos sola. Ha estado ahí: en los primeros amores torpes, en las noches de dudas, en los momentos en que todo se rompía y necesitaba creer que algo más grande seguía sosteniendo el universo. Su fe en Dios, no es postureo. Es real, cruda y rockera. Habla de Dios. «Jesucristo murió para salvarnos» reza el tatuaje que lame sus omoplatos. Love Is my Religión, y lo hace sin perder la rebeldía.

Aunque ha sido conocido principalmente por su carrera musical, ha desarrollado una carrera cinematográfica, escogiendo películas de forma selectiva, con roles secundarios que destacan por su carisma y presencia escénica.

Lenny escribe sus memorias en colaboración con el biógrafo David Ritz —el aclamado biógrafo de leyendas como Marvin Gaye y Aretha Franklin—, lo cual dota al libro de una narrativa ágil y profesional. El libro termina abruptamente en 1989, justo con el lanzamiento de su primer álbum: Let love rule. Dejando la puerta abierta a una segunda parte centrada en sus años de estrellato mundial. El músico cuenta que el proceso de escritura funcionó como una terapia. «No había pensado escribir el libro hasta hace poco. Mi vida no me parecía interesante», confiesa en la citada entrevista. «Pero estoy contento de haberlo hecho —admite— porque escribir es la mejor forma de terapia». Con más de treinta años de carrera a sus espaldas, Lenny Kravitz sigue demostrando que, cuando el arte nace de la verdad, el tiempo es incapaz de apagar su brillo. Su gira mundial, impulsada por el álbum Blue Electric Light, está llenando recintos en todo el mundo, confirmando el espectacular momento creativo del artista. Reconocido también por su influencia en la moda, el cine y el diseño, Kravitz sigue siendo una de las figuras más magnéticas e influyentes de su generación.

En las páginas de Let love rule, Lenny Kravitz no sólo narra el nacimiento de un artista: trata el mapa de un alma que se negó a elegir un solo color en un mundo obsesionado con las divisiones. Hijo de opuestos —negro y blanco, jazz y rock, fe y rebeldía, dolor paterno y luz materna—, convirtió cada contradicción en armonía, cada rechazo en combustibles, cada encuentro fortuito en epifanía. Y cuando el amor apareció, la música brotó sin máscaras, en la certeza espiritual que siempre lo sostuvo, todo cobró sentido. No fue el éxito lo que lo definió, sino el momento en que decidió que su voz, su sonido y su vida entera obedecerían a una sola ley inquebrantable que es el amor. Que el amor gobierne. Porque al cerrar el libro uno entiende que Let Love Rule no es sólo el título de un disco, ni de unas memorias, es el manifiesto vital de un hombre profundamente creyente en Dios, que eligió la belleza sobre la amargura, la unidad sobre la fractura y la entrega absoluta sobre el egoísmo. Lenny Kravitz, nos recuerda que la verdadera revolución no empieza en los escenarios ni en las listas de éxitos, sino en el silencioso acto de permitir que el amor —en todas sus formas— reine por fin.

Y así, con cuatro palabras que resuenan a plegaria y a himno, nos deja una invitación eterna: Let Love Rule, que el Amor siga reinando. Siempre.