La insolencia de amar para siempre

David Cerdá defiende en 'Amar para siempre' que bajo la crisis de Occidente late el fracaso del amor y fundar hogares como un acto de rebeldía

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¿Y si todas nuestras crisis fueran, en el fondo, una sola? La económica, la demográfica, la de un Occidente que envejece sin relevo y contempla estupefacto cómo se tambalean sus propios cimientos. David Cerdá, doctor en Filosofía y economista, lo plantea sin rodeos en Amar para siempre. La insolencia de vivir a contracorriente (Rialp): en la raíz de casi todos nuestros dolores late la misma herida, el fracaso del amor.

El diagnóstico es tan sencillo como incómodo. Una sociedad desengañada de todo amor duradero deja de fundar hogares, y sin hogares no hay hijos, ni futuro, ni pueblo que sostener. Lo que el discurso dominante celebra como liberación —el amor líquido, provisional, sin compromiso ni promesa— Cerdá lo lee como una renuncia disfrazada de progreso, una manera elegante de quedarse solo.

Amar para siempreFrente a ello, el autor no propone nostalgia, sino reconquista. El título lo dice todo: amar para siempre se ha vuelto una insolencia, un gesto a contracorriente en un tiempo que ha hecho de la fugacidad una virtud. Y, sin embargo, construir la vida junto a otro sigue siendo la gran conquista humana, ahora que hombres y mujeres se miran de igual a igual y pueden de verdad elegirse.

Cerdá, conferenciante y mentor que ha enseñado en ocho países y firma en Rialp títulos como Ética para valientes o El dilema de Neo, no se conforma con la exhortación moral. Tira de filosofía, psicología, antropología, sociología, literatura, cine y música para componer una reflexión coral y nada ingenua sobre cómo se sostienen los afectos. No hay aquí autoayuda ni recetas: hay pensamiento, y del mejor, ese que se atreve a llamar a las cosas por su nombre.

Lo valioso del libro es que no se resigna. Donde tantos diagnostican el desplome de la familia con la frialdad del forense, Cerdá insiste en que lo intemporal puede recuperarse, en que aún es posible encontrar a alguien capaz de acompañar de veras la existencia. Es una esperanza exigente, sin sentimentalismos, que reclama carácter y entrega antes que arrebatos.

Llega Amar para siempre en un momento en que defender el matrimonio, el compromiso y el hogar suena casi a provocación. Quizá por eso convenga leerlo, porque recuerda que la rebeldía verdadera no consiste en romperlo todo, sino en quedarse para repararlo.