Palabras nuevas para intuiciones antiguas

'Vulnerable', de Pablo Gasull, es un texto breve que pone la fragilidad del ser humano en el lugar de partida y en el punto de llegada

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Durante los años de universidad desarrollé una forma de aprendizaje un tanto estrambótica. Seguro que la avala alguna teoría neurocientífica pero, en aquellos momentos, fue todo un descubrimiento para mí. El asunto es que no me bastaba «simplemente» con entender la materia para fijarla, y mucho menos intentaba memorizar sin comprender. Necesitaba algo así como una segunda opinión. Tras atender, más o menos, a la explicación del profesor, iba a la biblioteca en busca de un libro de consulta. Al leer sobre el mismo concepto tratado en clase pero descrito —con otras palabras— por otro autor, lo aprendía para siempre.

Les cuento esto porque la lectura de Vulnerable (Ciudadela), el primer libro del filósofo y periodista Pablo Gasull, me ha devuelto aquellas sensaciones de mis años mozos. ¿Quién no ha asistido en los últimos tiempos al bombardeo ensayístico sobre los peligros de la autosuficiencia moderna y el individualismo contemporáneo? Estamos de sobra advertidos acerca de la prisa que nos devora, la emancipación aniquiladora del alma y el narcisismo producto de toda esa cháchara del autocuidado, la victimización y demás lenguaje pernicioso. También conocemos los antídotos. En este sentido, Gasull no descubre nada nuevo en su obra, pero se aproxima de manera diferente a todo lo «viejo». Y eso nos hace comprender mejor.

VulnerableVulnerable es un texto breve que pone la fragilidad del ser humano en el lugar de partida y en el punto de llegada. El autor propone recuperar la vulnerabilidad, ontología nuestra, para salir de nosotros. Junto con el cuidado y la intimidad, aparece como rasgo constitutivo de nuestra especie, en contraposición a la visión moderna que la trata como carencia o debilidad que deba superarse.

Los paleontólogos han encontrado varios casos de individuos prehistóricos con lesiones graves, discapacidades o enfermedades que vivieron muchos años después de sufrirlas, lo que sugiere apoyo social continuado. Las tesis de Pablo Gasull se hallan, pues, antropológicamente refrendadas. No sabemos si la civilización comenzó con el primer fémur roto sanado, pero sí que la vulnerabilidad no es una anomalía, que dependemos unos de otros, que el cuidado forma parte de lo humano y que la dignidad aparece precisamente cuando alguien sostiene al vulnerable. En el capítulo dedicado a la dignidad, hacia el final del libro, encontré algunos de los argumentos más alejados de mi criterio y, quizá por ello, resultó el más estimulante.

Más allá de las tesis concretas que defiende, uno de los aciertos del libro reside en su forma. Gasull no escribe un tratado filosófico ni un ensayo académico al uso. Su reflexión avanza a través de recuerdos familiares, experiencias personales, paseos por la montaña, lecturas y encuentros. En ocasiones, la argumentación cede terreno a una prosa deliberadamente literaria, interesada en suscitar una determinada mirada sobre la realidad. Casi una invitación a detenerse, observar y pensar. Esta elección estilística explica buena parte de la personalidad de una obra que se lee de un tirón, con la cadencia de un relato apacible. El autor hace gala de una prosa sin estridencias, casi poética en ocasiones. Lo que no es óbice para que el lector, arrullado por la narración intimista, se encuentre de pronto con que ha sido conducido suavemente a una disertación sobre el liberalismo o el nacionalismo.

No resulta difícil advertir, además, la huella de Josep Maria Esquirol, uno de los autores más citados por Gasull. Como en la obra del filósofo catalán, Vulnerable gira en torno a las nociones de amparo, proximidad, hogar y cuidado. Frente a la intemperie de una existencia marcada por la fragilidad, el autor reivindica aquellos espacios donde la persona encuentra cobijo: la amistad, la familia, la naturaleza, la patria o la experiencia religiosa. No se trata tanto de proponer ideas inéditas como de volver a mirar realidades conocidas desde una sensibilidad renovada. El filósofo nos habla desde una concepción humanista de inspiración cristiana que recuerda que la vida humana es siempre una tarea compartida y una herencia recibida.

Vulnerable ofrece al lector palabras nuevas para nombrar intuiciones antiguas. Esa tarea de desescombro, en ocasiones, requiere de una dosis de valentía. En esa labor de recuperación, Gasull dialoga con muchas de las reflexiones sobre la vulnerabilidad, el cuidado, la intimidad y el amparo con las que los lectores de Mèlich o Esquirol estarán familiarizados. Y lo hace con una escritura profundamente personal, donde la experiencia biográfica —como padre, hijo, nieto o amigo—, la contemplación de la naturaleza y la memoria familiar se convierten en materia de reflexión. Vulnerable se inscribe así en la tradición montaigniana del ensayo: un género que aspira más a comprender que a demostrar, y que encuentra en la vida cotidiana el punto de partida de toda filosofía. Junto a ello, Pablo Gasull introduce sus propias visiones: aboga por rehabilitar el patriotismo como forma de cuidado de una herencia común, introduciendo así una dimensión comunitaria y cultural. O recuerda que somos vulnerables porque nuestro Dios se nos revela como ternura encarnada.

La editorial Ciudadela nos trae de manos de un joven escritor y colaborador de LA IBERIA un libro meditativo y sugerente que invita al lector a reconciliarse con la idea de que necesitamos de los demás para llegar a ser plenamente humanos.