José Ignacio Uceda Leal es de ese grupo de toreros querido en la Plaza de Las Ventas y admirado por muchos aficionados. Ha tenido a bien recibirnos para compartir una cerveza y charlar un rato, aunque alguno ha decidido pedirse una Coca-Cola porque tuvo la insensata idea de salir la noche anterior y en su cabeza se juntan ahora la ilusión de poder pasar un rato con el maestro y el obtuso y culpable recuerdo de una botella de DYC. Menos mal que Uceda templa la resaca con su amabilidad y predisposición, pudiendo comenzar entonces una conversación de verano que queda tal que así:

Si no me falla la chuleta, usted tomó la alternativa el 3 de octubre del 96 con Curro Romero como padrino y Julio Aparicio de testigo. ¿Menudo cartel, no?

Pues sí, fue muy bonito. Ya en su momento el maestro Romero era un torero legendario, pero ahora con el tiempo mucho más. Decir que a mí me ha dado la alternativa Curro Romero es un honor y un orgullo. Y sobre todo en Madrid, que es la plaza en la que me eduqué taurinamente de la mano de mi padre y donde he desarrollado toda mi carrera, desde mi debut con picadores que fue la segunda novillada que maté en mi vida, hasta la alternativa. Toda mi carrera ha estado muy ligada a Las Ventas, y hacerlo de la mano de Curro y de Aparicio, que también es un torero muy madrileño y con una personalidad arrolladora, fue un sueño.

¿Cuándo le nace la idea de convertirse en matador de toros?

No fue una idea que surgió así de repente, no dije quiero ser matador de toros. Empecé a torear de niño porque me gustaba y empecé a querer ser torero a partir de los once años, que iba a la casa de campo a torear de salón y a aprender de lo que era la profesión de la mano de mi padre, que siempre ha sido muy buen aficionado, y de mi tío Luis que siempre quiso ser torero. Todos sus amigos eran toreros y uno de ellos que era banderillero en Madrid, Pacorro, fue el que me enseñó a torear en la Casa de Campo echando muchas horas conmigo. No fue mi primer apoderado, pero sí la persona que me ayudó en mis primeros pasos. A él le debo muchas cosas, sobre todo el concepto del toreo que yo tengo, el toreo madrileño en el que me he educado.

Maestro, con 28 años ya en la profesión, ¿Cómo era la tauromaquia en la que usted empezó y en qué ha cambiado con la de ahora?

Sobre todo, ha cambiado la sociedad y su forma de ver la vida. Creo que yo todavía cogí los últimos coletazos románticos del toreo, cuando los toreros se sentían como tal. No digo que ahora no se sientan toreros, pero entonces había un sentido de la torería y también por parte de la gente el torero era una persona respetada en todos los ámbitos sociales. Por ejemplo, cuando era un chaval y me televisaron varias novilladas sin caballos de la escuela taurina de Madrid, en mi barrio empecé a ser El torero.

¿Y ya no es así?

Tenía un estatus importante con 14 años, también en el colegio. Ahora mismo, creo que eso se ha perdido un poquito y se ha degenerado. Era muy bonita esa sensación que creaba el torero en la sociedad y cómo se hacía respetar no sólo en la plaza, que ahora los toreros se arriman mucho, sino también en la calle. Era el cómo los toreros se distinguían.

Una vez leí en un artículo de Jano García que los toreros son héroes del pasado en un mundo que ha vaciado de sentido, belleza y razón de ser nuestra existencia. ¿Son los matadores de toros héroes del pasado o tienen sitio también en el futuro?

Yo creo que la verdad siempre tiene futuro, y el toreo es verdad en sí misma. Ante la mentira de una vida más cómoda, de querer ocultar la muerte, frente a la hipocresía de querer ocultar la verdad y hasta la belleza, porque dentro de la crueldad y de la dureza va la belleza de la vida, ahí está el toreo. La tauromaquia representa todos los valores que algunos quieren negar y por eso les fastidia, porque es la antítesis de la vida que ellos quieren llevar. El toreo es la verdad y la pureza de la vida y representa todos los valores fundamentales que esta tiene, aunque algunos sean crueles y duros.

Es más, la crítica de los antitaurinos se cimienta sobre el hecho de que el toro muera. Parece que nos hemos olvidado de lidiar con la muerte mientras ustedes están cerca de ella, no sólo porque participan con el toro sino porque se exponen, también, a experimentarla. ¿Cómo es la relación que un torero tiene con la muerte?

Efectivamente, la muerte está ahí y no sólo la del toro, que ha sido creado para ello. Nosotros no sabemos cuándo vamos a morir, pero sí sentimos en algunas ocasiones que la muerte nos acecha y que es real. Gracias a los adelantos que hay lo vemos menos, pero la muerte nos toca. Hay compañeros que se nos van, otros que se quedan impedidos para la profesión o que no pueden llevar una vida normal. Eso te hace recapacitar. La vida no dura para siempre y hay que vivirla con verdad para poder trascender, que es lo más bonito de esto, que cuando no estemos aquí hayamos dejado una semillita. El rato que esté quiero dejar mi grano de arena al toreo y si en algún momento queda para el recuerdo de algún aficionado quedaré satisfecho.

 

Cambiemos de tercio y hablemos de la situación de la fiesta. Que cada vez va más gente joven a las plazas es una realidad. ¿Se está convirtiendo la tauromaquia en una expresión de rebeldía de los jóvenes?

Al principio, sí. La gente joven se ha acercado a la fiesta de los toros por esa rebeldía, por ir en contra de que te lleven alineado hacia donde quieran, hacia un discurso único. Creo que inicialmente el ir a los toros forma parte de una rebeldía, pero una vez que esa rebeldía se pasa te encuentras con la realidad y la pureza del espectáculo. Muchos jóvenes se están quedando porque han encontrado en los toros algo que les llena, que le da sentido a su vida y les hace mejores personas. Así ha sido toda la vida, ser aficionado a los toros te hace mejor persona y te llena de valores positivos, de ilusiones e inspiración para hacer cosas que quizás sin ser aficionado no harías. A veces me he sentido como un niño perdido, las personas nos sentimos así sin saber a dónde vamos ni quiénes somos, y el toreo me ha recordado qué quiero ser.

¿Y qué le pide Uceda Leal a ese público joven que empieza a ir a la plaza?

De momento que vayan y luego ya irán aprendiendo. Que sientan. Aquí hay unos dogmas y tienes que aprender a ver toros, porque para disfrutarlos necesitas unos conocimientos. Pero fundamentalmente no hace falta que sepas, sino que sientas. Es como probar un buen vino o ver un cuadro que te gusta. Es sentir. Luego ya con el tiempo irás aprendiendo y diferenciando qué tipo de toro, de torero o de faena es la que te gusta y cuál es el espectáculo que prefieres dentro de la tauromaquia, que es una paleta diversa de colores en cuanto a gustos y formas de entender el toreo. Mi padre, que era un gran aficionado, siempre decía que el mejor aficionado es el que más toros y toreros le entran en la cabeza, igual que a los matadores. Según vas avanzando en esta afición te vas decantando por lo que te emociona. Lo más importante ahora mismo es que la gente joven se sienta atraída por el toreo y que vayan a la plaza. Mientras eso pase, la fiesta tiene continuidad.

Eso de las distintas formas de ver el toreo a veces nos lleva a debates excluyentes. ¿Son compatibles delante del toro la danza con la batalla, la lucha con la delicadeza y la garra con la armonía?

Es compatible, lo que pasa que el toreo clásico está basado siempre en los cánones más puros. El valor y el arrojo no es siempre lo que más destaca en el toreo clásico, porque eso va implícito en las formas, no en los gestos. Se lleva por dentro. El toreo bueno no es una cosa aguerrida, es suave, dulce y armónico. No exterioriza el fondo real que tiene, pues para torear con la muleta plana, la pierna por delante y despacio hace falta tener un gran valor. Luego hay otros tipos de toreo que tienen mucho mérito y que a lo mejor hacen más visible ese valor por una falta de armonía, destacando más lo aguerrido con el toro. Yo concibo que el toreo no es una lucha, sino un acople al movimiento brusco y violento del toro que se responde con suavidad y caricias.

Ese el toreo aguerrido se está demandado entre los nuevos aficionados y llena plazas. Quizás sea lo que comentábamos y poco a poco, según vas adentrándote en la fiesta, quieres ver otras cosas.

El toreo, sin algo que sea artístico, no es. Solo una lucha con el toro no tiene futuro. De hecho, ha ido evolucionando hacia algo artístico, y dentro de lo artístico siempre con verdad. No soy partidario de pasarte los toros por todos los sitios menos por donde te los tienes que pasar, que es la bragueta. Es un toreo muy espectacular y efectista pero que a mí no me emociona.

Cómo valora su paso por Madrid en esta Feria…

Positivo, la verdad. Creo que sin haber tenido demasiadas opciones con los toros volvemos a lo mismo: que a la postre se recuerde mi actuación como una de las cumbres artísticas de la feria y a la larga quede algo de lo que has hecho, para mí, es triunfar. Los triunfos no son sólo con orejas sino también el poder trascender y dejar cosas en la memoria de la gente.

Conste que esto no es por hacerle la pelota. Ya se lo dije cuando hablamos, su faena de muleta ha sido de lo mejor de la feria, pero creo que el público no conectó. ¿Cómo es eso de sentirse a gusto toreando, pero ver que el aficionado no responde?

Hay faenas que en el momento no se viven intensamente, quizás porque el toro no pone la emoción necesaria o porque la gente está más desconectada, y que sin embargo luego tienen más repercusión que otras que se viven con mucha intensidad en el momento y a la media hora se han olvidado. Son cosas raras que suceden en el toreo y que pasan. Faenas como la que dices del otro día, tal vez para muchos pasó desapercibida en el momento, pero con el tiempo se recuerda.

Me consta además que es una opinión compartida por más aficionados que tienen más idea que yo, aunque eso no sea muy difícil…

Toreó antes Borja un toro muy vibrante. Yo creo que la mía fue una faena artística, sin acabar de rematar porque el toro perdía fuelle, peo claro veníamos de la emoción que puso el toro previo. Eso a lo mejor para el gran público hizo perder un poco de interés, pero para el aficionado no pasó desapercibida y así lo dicen las crónicas que ellos han escrito. Lo han cantado como algo de lo mejor de la feria. Es lo que te digo, son cosas del toreo.

En el tendido siempre nos dicen que el toro de antes no tenía nada que ver con el de ahora, y así se ha manifestado en las protestas de la feria. Uno, que no ha conocido esos toros, no puede constatar dicho cambio. ¿Realmente era tan diferente el toro con el que usted empezó en esto comparándolo con el de hoy día?

Yo no sé a qué toro se referirán, pero sí te puedo decir que el toro de mi alternativa ha cambiado mucho. El toro de los 90 y los 80, que yo vi como aficionado con uso de razón, era mucho más descafeinado y se caía mucho. Yo he toreado corridas de toros en las que han salido trece toros. Si se refieren a ese cambio, que antes se caía mucho y ahora prácticamente no, sí tienen razón.

Caray, yo pensaba que los tiros iban en sentido contrario. Hay descontento con el toro de ahora y añoranza del pasado. Ya sabe que cualquier tiempo pasado nos parece mejor…

Siempre existe el tópico de que lo anterior es mejor. A mí sí hay un tiempo pasado que me parece mejor, el del toreo. Yo no estoy de acuerdo con que ahora se toree mejor que nunca. Se torea más limpio, pero no mejor. Se le hacen más cosas al toro, aunque para mí gusto el toreo es otra cosa. Yo he visto torear en los años 80 y 90 mucho mejor de lo que se torea ahora. No hacerle las cosas que se le hacen ahora al toro, ni pasártelo por todos lados con quietud, pero sí he visto a un tanto por ciento del escalafón tener un mejor concepto del toreo que el que se tiene ahora. Hoy el toro es más bravo y tiene más fuerza que nunca, mucho más que el de los años que te digo.

¿Entonces es tópico?

El toro más grande, con más fuerza y más vibrante que yo he conocido ha sido este. Lo que pasa es que según va pasando el tiempo lo perfeccionan más, cada vez hacerle cosas al animal es más complicado y todo se nos va quedando en poco. El listón va siendo muy alto, ahí están las películas de los años 80, el toro no tiene fuerza. Ahora cuando el toro es malo lo que tiene es mucha fuerza y poca calidad, porque se mueve mucho, y eso no te permite hacer el toreo. En los 90 el toro bueno tenía más docilidad, embestía más a media altura y era, como decimos los toreros, más «chochón». El toro de ahora es más pujante y difícil de torear, se sufre más delante de él porque exige mucho física y mentalmente, quizás por eso el toreo también se ha ido modificando. El toro modifica al torero y no al revés.

¿Hablaremos con añoranza entonces de lo que nos quejamos hoy?

Seguramente. Yo como aficionado viejo mitifico el toreo de los años 80, que es con el que yo conocí esto. Ese toreo era más imprevisible, lo de ahora es muy previsible. En aquellos años podía estar bien o fatal, eso daba emoción. Ahora tú vas y sabes que va a estar bien. ¿Qué componente tienen los toreros artistas? Pues que te emocionan hasta el alma o te cabreas a más no poder.

Que se lo digan a Curro…

Claro. Pero cuando los ves torear te compensan todas las tardes que has ido antes, porque la calidad y la esencia puede a lo otro. Es verdad que tú pagas una entrada y quieres ver a un tío que se arrime y se justifique, pero los toreros son artistas antes que nada. El toreo es una cosa impredecible y dentro de ese albur está la emoción de no saber qué va a pasar.

Maestro, ¿Qué le digo a mis amigos para convencerles de que vengan a los toros?

Pues que en los toros hay chicas muy guapas, ya verás como vienen. A partir de ahí y pasándolo bien, en el medio les explicas lo que pasa en el albero. Pero yo creo que solo el ambiente también merece la pena, te diviertes y siempre ha pasado con la gente joven eso. Luego empiezas a seguir a toreros, te interesas por otras cosas y vas eligiendo. Por ejemplo, yo soy muy aficionado al flamenco y cuando empecé a escucharlo coincidió con el boom de Camarón. Los puristas inicialmente no querían a Camarón y ahora es el top de la pureza. Y a partir de escucharle luego di con otros cantantes y formas de flamenco. Te quiero decir, hay toreros que a los puristas no les convencen pero que, además de arrimarse, llenan las plazas y traen a esa gente nueva, y eso es importante.