El actor estadounidense Robert Duvall ha fallecido a los 95 años, poniendo fin a una de las trayectorias más sólidas y respetadas de Hollywood. Ganador del Oscar al mejor actor por Gracias y favores y nominado en otras seis ocasiones, Duvall murió «pacíficamente» en su residencia de Middleburg, en el estado de Virginia, a una hora de Washington, rodeado de sus seres queridos, según ha comunicado su esposa, Luciana Pedraza.
La familia ha informado de que no se celebrará un funeral formal. En su lugar, han invitado a quienes deseen rendirle homenaje a hacerlo «viendo una gran película, contando una buena historia alrededor de una mesa con amigos o dando un paseo por el campo», una referencia directa a la vida sobria y discreta que el actor eligió fuera de los focos.
De Boo Radley a Tom Hagen: el nacimiento de un clásico
Nacido el 5 de enero de 1931 en San Diego (California) y criado en Annapolis (Maryland), en el seno de una familia de tradición militar, Duvall debutó en el cine en 1962 interpretando a Boo Radley en Matar a un ruiseñor, adaptación de la novela de Harper Lee protagonizada por Gregory Peck. Aquella breve pero inolvidable aparición marcó el inicio de una carrera que se extendería durante más de seis décadas.
Su consagración llegó en los años setenta. Como Tom Hagen en El padrino, bajo la dirección de Francis Ford Coppola, Duvall compuso un personaje contenido, leal y cerebral que se convirtió en uno de los pilares de la saga. Años después, volvería a dejar una huella imborrable como el teniente coronel Kilgore en Apocalypse Now, también de Coppola. Su frase sobre «el olor a napalm por la mañana» quedó inscrita en la memoria colectiva del cine contemporáneo.
El Oscar y la madurez interpretativa
En 1983 obtuvo el Oscar al mejor actor por su papel de Mac Sledge, un cantante de country en decadencia que busca redención en Gracias y favores. Fue el reconocimiento a una interpretación austera y profundamente humana, alejada del histrionismo, que confirmó su capacidad para sostener una película desde la contención y la verdad emocional.
Además de sus nominaciones por El padrino y Apocalypse Now, la Academia volvió a fijarse en él por títulos como El gran Santini, Acción civil o El juez, donde compartió pantalla con Robert Downey Jr. En paralelo, transitó con naturalidad por géneros tan diversos como el thriller político, el drama judicial o el western.
El western y la épica americana
Duvall encontró en el western uno de sus territorios naturales. Brilló como Augustus McCrae en la miniserie Lonesome Dove, papel que le valió un Globo de Oro, y regresó al género en títulos como Open Range o en la nueva versión de Valor de ley, dirigida por los hermanos Coen.
Más allá de los premios, su legado descansa en una cualidad cada vez más infrecuente: la autoridad silenciosa. Duvall no necesitaba grandes discursos para dominar una escena; bastaba un gesto mínimo, una pausa o una mirada. Actor de método formado en el teatro, compañero de generación de figuras como Al Pacino o Dustin Hoffman, representó una forma de entender la interpretación basada en la disciplina y el respeto por el texto.
Se va uno de los últimos grandes intérpretes del Hollywood clásico tardío, un actor que hizo de la sobriedad un estilo y de la verdad emocional su marca indeleble.


