Polanyi contra el libre mercado

Polanyi sostiene que la socialdemocracia se aproxima más a la tradición cristiana que el liberalismo económico o el autoritarismo

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En La gran transformación (1944), Karl Polanyi propone una interpretación original de las causas que condujeron a la Segunda Guerra Mundial. Lejos de centrarse en explicaciones habituales basadas en la geopolítica o el enfrentamiento ideológico, el autor sitúa el origen del conflicto en el terreno de la economía política. Para Polanyi, la instauración histórica de la economía de libre mercado —especialmente bajo la hegemonía británica de la Pax Britannica— constituye el eje sobre el que se articuló el liberalismo político moderno.

Polanyi y la decadencia del libre mercado

Aunque esta crítica al capitalismo también aparece en pensadores como Marx, Polanyi se distancia de una lectura exclusivamente economicista y ofrece una genealogía más compleja del mercado. Su análisis recorre un amplio arco histórico que va desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX, deteniéndose especialmente en la Ilustración escocesa, con Adam Smith, y en el siglo XIX, marcado por la Revolución Industrial y la economía política clásica de David Ricardo. Sin embargo, La gran transformación no es simplemente una historia del capitalismo, sino una investigación sobre las condiciones sociales e institucionales que hicieron posible la economía de mercado.

Polanyi muestra cómo procesos aparentemente dispersos —como las desamortizaciones de tierras eclesiásticas, la consolidación de los Estados liberales europeos o la expansión del comercio internacional— convergieron en la creación de mercados autorregulados. En este contexto, adquiere especial relevancia el papel de la haute finance, que actuó como mediadora entre el poder político y la economía internacional. Sus críticas a las grandes dinastías financieras del siglo XIX y principios del XX resuenan hoy con fuerza, lo que explica que Polanyi sea a menudo leído como un crítico anticipado de la crisis del liberalismo económico.

El patrón oro y la utopía monetaria

Uno de los pilares del sistema económico internacional analizado por Polanyi es el patrón oro. Tanto el Imperio británico como, posteriormente, Estados Unidos impulsaron este sistema con el objetivo de garantizar la estabilidad monetaria necesaria para el funcionamiento del mercado global. Sin embargo, según Polanyi, dicha estabilidad se logró a costa de someter a las sociedades a violentos ajustes económicos, subordinando el empleo, los salarios y el bienestar social a la defensa de la moneda.

La monetización de la economía contribuyó así a un proceso de deshumanización: el trabajo, la tierra y el dinero fueron tratados como mercancías, pese a no haber sido creados para el intercambio. Esta «ficción mercantil» transformó la vida social en una competencia permanente por recursos escasos, erosionando los vínculos comunitarios.

El mito del mercado natural

Uno de los aportes teóricos centrales de Polanyi es su crítica al mito del libre mercado como fenómeno natural. Frente a la tradición liberal que presenta el intercambio como una inclinación innata del ser humano, Polanyi demuestra que los mercados autorregulados son el resultado de decisiones políticas e instituciones específicas. La escasez, lejos de ser un dato natural, es producida socialmente por el propio funcionamiento del mercado.

De este modo, Polanyi invierte la jerarquía liberal: no es la política la que debe someterse a la economía, sino la economía la que debe estar subordinada a la sociedad. La historia del capitalismo aparece así como una sucesión de expansiones del mercado seguidas de reacciones defensivas —sindicatos, legislación social, políticas de empleo— destinadas a proteger a la sociedad de sus efectos destructivos.

Fascismo y crisis del liberalismo

En su diagnóstico del período de entreguerras, Polanyi sostiene que el intento de preservar el mercado autorregulado sacrificando la democracia condujo al fascismo. En países como Italia y Alemania, las élites económicas, amenazadas por la crisis del comercio internacional y la presión social, encontraron en el nacionalismo autoritario un medio para mantener el orden económico eliminando las instituciones democráticas.

El fascismo aparece así no como una anomalía externa al liberalismo, sino como una respuesta extrema a su crisis interna.

La alternativa socialdemócrata

Frente a este panorama, Polanyi defiende la socialdemocracia como una vía para reconciliar economía y democracia. Al devolver primacía a lo político y reconocer la centralidad de la persona frente al mercado, la socialdemocracia permitiría superar los desequilibrios del capitalismo sin renunciar a la libertad.

En los capítulos finales, Polanyi introduce además una reflexión de inspiración cristiana: el fascismo niega la dignidad del individuo y la unidad de la humanidad, mientras que la socialdemocracia, al poner en el centro a la persona y la solidaridad, se aproxima más a la tradición cristiana que el liberalismo económico o el autoritarismo.

En tiempos de crisis e incertidumbre, releer a Polanyi no es un ejercicio arqueológico, sino una invitación a repensar las relaciones entre mercado, sociedad y democracia. Sus análisis, aunque no los compartamos plenamente, siguen ofreciendo claves valiosas para comprender los dilemas de nuestro presente.

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