Muy viejos y muy amigos

No hay nada que se pueda comparar con una buena amistad de la infancia vista con los ojos de dos viejos amigos

|

Entre que era muy temprano y que hacía mucho frío, no éramos tantos los que estábamos en ese vagón de metro aquella mañana. Yo estaba pagando la cuenta de una noche con pocas horas de sueño y no me sentía capacitado para nada que no fuera el silencio y la contemplación.

A pocas paradas de mi destino, un hombre mayor entró al vagón. Bastón, boina, audífonos y unos ojos brillantes que se encontraron, apenas puso un pie dentro, con un rostro familiar. El reconocimiento mutuo fue inmediato, y pude observar el reencuentro de dos viejos amigos, muy viejos y muy amigos, que no cabían en sí mismos de alegría por aquella sorpresa.

Por lo que pude escuchar, estaba ante dos compañeros de colegio, que habían sido inseparables en su infancia y que no se habían vuelto a encontrar desde que se graduaron. Ninguno podía creerse la suerte que habían tenido de coincidir en el mismo vagón de metro aquella mañana. No se pusieron rápidamente al día, sino que dedicaron el tiempo que me quedaba de oyente privilegiado a hablar del resto de su grupo de amigos del colegio.

Lamentándolo mucho, me bajé pocas paradas después y no pude seguir la historia del reencuentro hasta el final. Al principio, me extrañó el hecho de que no se hubieran contado inmediatamente qué había sido de ellos tras dejar la escuela, pero creo que tiene todo el sentido del mundo que empezasen por recordar al resto del grupo: empezaron la conversación por lo importante.

Ya lo decía Gordie Lachance al final de Stand by me: «Nunca más he vuelto a tener amigos como los que tuve a los doce. ¿Acaso alguien los tiene?».

Seguí el resto del día dándole vueltas a aquella escena y pensé en el contenido de la conversación que yo no había podido oír. Quizá historias, mitificadas con el paso del tiempo, sobre las aventuras que vivieron juntos durante su infancia. Recordarían el colegio, viejos profesores a los que querían mucho (en todos los colegios habita un Mr. Chips) y otros a los que no querían tanto.

Es posible que tuviesen alguna «guerra» contra otra banda rival, de otro colegio o del barrio de al lado. No sé si esto es algo común en la infancia o simplemente tengo todavía reciente Los muchachos de la calle Pal.

En cualquier caso, imagino que volver a todas aquellas historias y, sobre todo, a aquel tiempo, fue todo un regalo para nuestros dos amigos. Después de recordar juntos, probablemente sí que se contaron qué fue de ellos. Qué vidas llevaron y algunas decisiones de las que luego se arrepintieron. Pero creo que pasaron rápido por todo aquello, como si fuese algo más protocolario de otra cosa. Como hacer los deberes rápidamente antes de salir a jugar otra vez. Después, volvieron a recordar juntos las mismas historias, pero contadas de otra manera.

Nunca sabré de lo que hablaron cuando me fui, pero cualquier historia en la que pueda pensar no le haría justicia a la de una buena amistad de la infancia vista con los ojos de dos viejos amigos, muy viejos y muy amigos.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.