El «cantante» portorriqueño Bad Bunny protagonizó el halftime show del Super Bowl LX, el 8 de febrero en California. El espectáculo duró alrededor de 13 minutos y se presentó casi enteramente en español con referencias visuales a la cultura puertorriqueña —como campos de caña de azúcar— y un cierre simbólico donde el artista simuló anotar un touchdown.
Donald Trump reaccionó en Truth Social, describiendo la presentación como «absolutamente terrible, una de las peores de la historia», un «afrenta a la grandeza de América» y una «bofetada en la cara» al país.
Esta irrupción de ritmos y estética asociados al reggaetón en un evento icónico del fútbol americano —ligado a audiencias mayoritarias anglosajonas y valores tradicionales— no es casual, ni una victoria cultural de «lo latino». El estilo barriobajero que se proyectó refuerza percepciones de intrusión cultural y alimenta narrativas de reemplazo entre sectores conservadores.
Lo «latino» (constructo ideológico del siglo XIX francés) tiende hoy a reducir la riqueza hispanoamericana a lo más burdo del reggaetón moderno, priorizando instintos primarios sobre valores elevados. Lo que otrora llegó a América como herencia civilizatoria de calidad ahora se expande como una colonización inversa de baja calidad cultural, homogenizando y empobreciendo la imagen colectiva.
Hay que preguntarse a quién beneficia semejante denigración de lo hispanoamericano. Pero sobre todo, hay que prestar atención geopolítica al mensaje final «Unidos somos America». No dejemos de ver ahí la intención clara de los Estados Unidos por consolidar su zona de influencia frente a otros bloques como China. Que, a su vez, aleja a Hispanoamerica de su aliado natural, Iberia.


