‘Sound of Freedom’ y la lucha contra el tráfico sexual de niños

Una producción valiente y necesaria porque muestra que el atractivo de la inocencia de los niños es la tentación de los pederastas y el negocio de prostituirlos

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Sound of freedom (2023), dirigida por Alejandro Monteverde y protagonizada por Jim Caviezel, es un thriller dramático basado en la historia real de Tim Ballard, un ex agente del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos que fundó la organización Operation Underground Railroad (OUR) para combatir el tráfico de niños con fines de explotación sexual. La trama sigue a Ballard en una misión para rescatar a dos hermanos hondureños secuestrados por una red de traficantes en Colombia, destacando los horrores de la prostitución infantil y la lucha contra redes criminales transnacionales.

Ballard dejó su cargo en el gobierno federal en 2013, frustrado por las limitaciones jurisdiccionales que impedían actuar en muchos casos internacionales sin vínculo directo con los Estados Unidos. Por esa razón fundó OUR, creando un modelo de colaboración público-privada en el que la organización financia y apoya operaciones encubiertas junto a fuerzas locales de policía en países en vías de desarrollo, enfocándose en rescatar niños víctimas de explotación sexual infantil y la lucha contra el turismo sexual. La OUR ha operado en más de 28 países y 26 estados de los EEUU.

Dice Jim Caviezel sobre esta producción, citando a Steve Jobs, que la persona más poderosa del mundo es el narrador. Y justo ahí radica el gran poder de Sound of freedom: en la voz que da a todos aquellos niños que no la tienen, en la oportunidad que les otorga para contar su historia y en el testigo que deja al espectador para unirse a la lucha contra el tráfico de niños.

Quiero poner el foco en un tema que es tabú en el cine: la pedofilia y el tráfico sexual de niños. Sound of freedom es una producción valiente y necesaria porque muestra que el atractivo de la inocencia de los niños es la tentación de los pederastas y el negocio de prostituirlos; es muy rentable para las mafias muy armadas en una corrupción con tentáculos. Este tipo de esclavitudes contra los niños y sus familias están aumentando, a pesar de los esfuerzos políticos, policiales y de civiles organizados por acabar con ellos.

La película de Alejandro Monteverde tardó la friolera de cinco años en poder estrenarse. Seguro que muchos de los que en su día fueron a las pocas salas de cine en que fue proyectada, sabrán que esta cinta fue boicoteada por las grandes plataformas digitales y las majors de Hollywood. Todas se negaron a financiar, distribuir y promocionarla. ¿Por qué? Está claro que les dolió que fuera la película más taquillera que Indiana Jones y el grial del wokismo. Pero si de verdad sólo estuvieran interesadas en hacer dinero, pues adelante: habrían envainado el sable y la habrían comprado. Pero no: el caso es que no querían que nadie la viera. ¿De qué tienes miedo, Hollywood? Me toca soberanamente la moral, ver como los estudios y productores ven súper importante de la muerte que La sirenita sea mulata, los elfos de Los anillos de poder sean negros con pelo a lo afro y que James Bond orine sentado, pero Sound of Freedom… Mmm no, no hablemos de esas cosas. Finalmente Angel Studios financió el proyecto a través de una campaña de crowdfunding, siendo el distribuidor para el mercado estadounidense e internacional; y en España el subdistribuidor fue A Contracorriente films. A pesar de las dificultades, la gente fue ver la película en las pocas salas de cine que quisieron proyectarla, como en plataformas de streaming. Lo cual hace pensar que algún mérito tiene la cinta.

La trata de menores salpica a unos niveles que no podemos imaginar, por lo que tantos problemas en la distribución son para replantearnos qué puñetas está pasando y lo que me pregunto es si las críticas que la película recibe son imparciales o será que hay motivos e intereses detrás. Sound of freedom, es el revulsivo que esta sociedad decadente necesitaba. Sólo algunos datos, que indagando se pueden obtener en Internet: hay fotos que muestran que el hijo de cierto expresidente de EEUU es pedófilo. También se sabe, a partir de un documental y de miles de documentos que hace poco han sido desclasificados que existía un conocido magnate financiero y empresario con un lugar físico lujoso, llamado la ‘isla de las lolitas’, en la que eran invitados famosos del mundo del espectáculo, de la realeza europea y políticos; por no hablar de un reconocido organismo internacional que en un escrito reciente, sugiere legalizar la pedofilia. Estos datos son verificables. No me los estoy inventando.

La experiencia al ver Sound of Freedom es a la vez abrumadora y paradójica. La cinta, aunque es muy cuidadosa y delicada, logra transmitir el horror de la esclavitud sexual y el público llega a pasarlo realmente mal. Aporta cifras espeluznantes sobre el crecimiento del negocio: el aumento de subidas de fotografías infantiles a webs pornográficas, el consumo de este producto y la cantidad de dinero que mueve el comercio erótico de menores. Pero su propósito no es sembrar la tristeza y el pesimismo ante estos oscuros sucesos, sino abrir la puerta a la esperanza gracias a todas las personas que se están uniendo para acabar con esta lacra.

Tras el impactante relato que narra, es probable que la valoración de cuestiones cinematográficas pase a un segundo plano. De todas maneras, no se puede negar que cuenta con un ritmo trepidante, un reparto entregado y sobresaliente y numerosos momentos conmovedores que provocan que las más de dos horas de duración absorban a la audiencia y pasen en un suspiro. Lamentablemente, lo que expone este largometraje es una realidad incalificable que se da a nuestro alrededor y ratificarse en que «los niños de Dios no se venden». El hecho de que sea una historia real brinda a la película un contenido aún más humano y nos ofrece la posibilidad de ver de primera mano aquello que ocurre y que muchos se esfuerzan tanto en tapar. Basada en hechos reales, su guión desborda a cualquier ficción.

Sin embargo, tenemos películas de presupuestos millonarios, repletas de estrellas de Hollywood, con los mejores avances técnicos, guionistas, directores; cuyo mensaje es absolutamente nulo y que son totalmente prescindibles y afortunadamente olvidables. Pero estoy segura de que la gran mayoría del público que vio esta película difícilmente la olvidará, y es que el cine no es sólo un medio de entretenimiento, también es una forma de mostrarnos la realidad que muchas veces permanece oculta y que nos recuerda las cosas que son importantes en la vida.

Sound of freedom retrata de una trompada lo visiblemente oculto y destapa la olla de lo repugnante. El mensaje que sale al final de la película con los créditos, es desgarrador y duro. Muestra, a la perfección, lo que son las entrañas de la industria del cine que infinidad de veces se nos oculta al público en general con fines turbios. Afortunadamente esta historia acaba bien, pero no deja de transmitir el mensaje de que estos finales felices son los menos, y que hay muchos padres y madres que jamás volverán a ver a sus hijos. Muchas de sus camas quedarán vacías para siempre. A todos nos produce un profundo rechazo y repugnancia el tema del tráfico de seres humanos; más si son niños, los cuales utilizan las mafias sin escrúpulos para explotarlos sexualmente por parte de gente rica –generalmente- o para asesinarlos para comerciar con sus órganos o realizar rituales sórdidos. La protección de la infancia es vital en una sociedad que se precie como tal. Esta película es un claro ejemplo de cine de concienciación. Es evidente que contiene los valores cristianos que edificaron nuestra cultura occidental, valores por desgracia en declive a causa del relativismo moral ateo que arrastramos desde la Revolución Francesa. Las estadísticas que ofrece el film muestran que estamos ante un asunto muy grave, por desgracia cada vez más frecuente y muy relacionado con el hedonismo social y cultural obsesionado con el poder y maldito dinero.

Somos cada vez más los que estamos hartos de la basura inclusiva y woke de las producciones y series actuales de las grandes compañías (Disney, Netflix…) y del Hollywood actual, donde lo único que importa es que en los personajes exista la correspondiente representación de las correspondientes minorías oprimidas y ofendidas. Es decir, la calidad de un largometraje, se mide porque haya algún negro -perdón, persona de color-, transexual, no binario, mujer empoderada, sudamericano, musulmán… Y que su mensaje sea el del globalismo, mujeres y minorías supermegachachisupercalifragilisticoempoderadas, hombres blancos idiotas y malvados, sexualización de niños, lenguaje inclusivo, feminismo radical, cambios de sexo o de género como solucionador de todos los problemas de la identidad del sujeto en cuestión, etc. Como esta película no tiene nada de eso, las hordas de ofendidos se movilizaron contra ella y le reprochaban: ¡Carece de la suficiente inclusión! Les duele sobremanera que el protagonista sea un hombre blanco cristiano, masculino, casado, no divorciado y con hijos, en lugar de una mujer empoderada, maleducada, gritona, cabreada con el mundo y a punto de cambiarse el sexo y transformarse en algo distinto a lo que es, porque no se siente a gusto con su cuerpo. También se le reprochó que «busca la lágrima fácil». En realidad es todo lo contrario, está rodada con mucha austeridad y elimina todas las escenas fuertes y emotivas propias de cualquier telenovela de sobremesa. Basta con un plano facial del protagonista, desprendiéndose una lágrima del ojo, mientras ve material de pedófilos haciendo cosas escabrosas a los niños, para que comprendamos la obstinación que tiene en desarticular estas redes de pedófilos.

Esta película no es para los progres de salón ni para los forofos de la ideología woke, ni para los de las «vidas de los negros importan», ni para las del me too, ni para el resto de ofendiditos y cabreados contra el mundo en general. Además, denuncia una lacra olvidada por todo el progrerío mundial, como es la pedofilia y el tráfico de niños que no les interesa nada, salvo que los abusos sean cometidos por la Iglesia Católica. Ya nadie se acuerda de aquellas nauseabundas imágenes que dieron la vuelta al mundo en abril de 2023 del Dalai Lama con la bromita de la lengua a un niño, que nos vendían bajo el paraguas del buenismo bienqueda del «son sus costumbres, hay que respetarlos/no entendéis la cultura budista».

Sound of Freedom es una abrumadora, oscura película que nos presenta los mayores horrores que puede realizar el ser humano y que pocas veces se tratan estos temas en el cine por considerar que son tabúes. Es verdaderamente hermoso observar los nervios del mundo anti-conservador que conservadores ellos, pretenden mantener su statu quo inamovible, su explotación de seres indefensos, su verdadera cara. Sound of freedom es de las pocas películas que en la última década que tocan el alma, que emocionan, que provocan sentimientos intensos.

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