La guerra de Ucrania no empezó en 2022 ni puede explicarse únicamente como la invasión rusa. Al menos así lo sostiene Vadim Novinsky, exdiputado de la Rada Suprema, empresario y una de las figuras políticas que han acabado fuera del país tras enfrentarse al actual gobierno.
Desde Europa, donde reside después de que se abrieran varias causas penales en su contra, ofrece una lectura del conflicto que mezcla errores internos, corrupción estructural y decisiones tomadas bajo presión internacional.
Novinsky afirma que abandonó Ucrania tras ser acusado de traición por defender públicamente negociaciones con Moscú y por criticar la estrategia del gobierno. Según explica, el uso de sanciones y procesos judiciales contra opositores se convirtió en un método habitual durante la guerra.
«He soportado varias causas penales por “traición” y otras acusaciones. Tuve que salir del país porque exigían mi detención», señala, asegurando que el poder utilizó los tribunales para apartar a quienes cuestionaban la línea oficial.
Minsk, el acuerdo que pudo evitar la guerra
En su relato, el punto de inflexión no está en la invasión rusa, sino en el fracaso de los Acuerdos de Minsk firmados tras el conflicto de 2014. Según recuerda, el documento fijaba con claridad los pasos políticos para resolver la situación en el Donbás, incluida la celebración de elecciones locales antes de transferir el control de la frontera, pero Kiev nunca aplicó ese esquema. «Si se hubieran cumplido los Acuerdos de Minsk, no habría habido víctimas ni destrucción. Solo había que reconocer cierta autonomía para Donetsk y Lugansk», afirma.
A su juicio, el incumplimiento de esos compromisos no puede separarse del clima político posterior al Maidán, cuando Ucrania quedó atrapada entre tensiones internas y una creciente confrontación entre Rusia y Occidente.
En este sentido, recuerda que Zelenski llegó al poder prometiendo poner fin a la guerra, pero terminó siguiendo un rumbo distinto. «El 73 % votó por la paz. Si la gente hubiera sabido lo que ocurriría después, nadie habría votado por él», sostiene.
2022: negociaciones avanzadas y giro internacional
Novinsky asegura que incluso después del inicio de la invasión existió una oportunidad real de detener el conflicto. Afirma que participó en contactos para organizar negociaciones entre Moscú y Kiev y que el texto de un posible acuerdo estuvo prácticamente listo en las conversaciones de Gomel, Brest y Estambul.
Según explica, las propuestas incluían neutralidad para Ucrania, garantías de seguridad, un estatus especial para Crimea y para el Donbás, así como limitaciones militares. «El texto estaba prácticamente acordado. Eran condiciones duras, pero mucho mejores que lo que se discute ahora. Cada propuesta posterior ha sido peor para Ucrania», asegura.
El exdiputado vincula el fracaso de aquellas negociaciones con el cambio de posición de los aliados occidentales. Recuerda que, tras la retirada rusa de los alrededores de Kiev, el entonces primer ministro británico Boris Johnson visitó la capital ucraniana y, según su versión, a partir de ese momento se abandonó la vía del acuerdo. «Se podrían haber salvado cientos de miles de vidas. Pero después de aquella visita todo se detuvo y la guerra continuó», afirma.
En este punto menciona también los testimonios y documentos publicados posteriormente (incluidos los llamados Johnson files) que apuntan a que el acuerdo estuvo cerca y que la decisión de seguir combatiendo no dependió solo de Kiev, sino también del contexto geopolítico y del interés de algunos aliados en continuar la confrontación con Rusia.
Guerra, poder y corrupción
Más allá del frente, Novinsky describe la guerra como un factor que ha transformado el sistema político ucraniano. Según su análisis, el conflicto permitió concentrar el poder en torno a la presidencia y a su entorno más cercano, reduciendo el espacio para la oposición y reforzando el papel de los servicios de seguridad.
Afirma que durante estos años se han utilizado sanciones, causas penales y presiones administrativas contra empresarios, políticos y figuras públicas críticas, creando lo que define como una «vertical del miedo». «Cualquier manifestación de disidencia se convertía en una causa penal. Era importante reprimirlo todo y concentrarlo todo en una sola mano», sostiene.
En ese contexto sitúa también la corrupción, que considera un problema histórico en Ucrania pero que, según él, se agravó durante la guerra. Señala irregularidades en contratos de defensa, en el sistema energético y en la movilización, donde —afirma— se han denunciado pagos para evitar el reclutamiento.
«La corrupción se cuenta por miles de millones. En la defensa, en la energía, en la movilización. Pagas dinero y te libras del reclutamiento mientras otros van al frente», señala. Las decenas de millones de euros en metálico y en oro incautadas por el gobierno húngaro en dirección a Hungría demostraría cómo cientos de miles de vidas de ucranianos (sino millones) se han sacrificado por el enriquecimiento de unos pocos con bula papal occidental.
Según su versión, esta situación ha provocado desconfianza incluso entre los propios militares. «Los soldados luchan por la patria, pero no por Zelenski. No tienen confianza en el gobierno», asegura.
Un conflicto sin victoria clara
Novinsky rechaza la idea de que la guerra pueda terminar con una victoria total de Ucrania y considera que prolongarla solo empeora la situación. A su juicio, recuperar por la fuerza todas las fronteras anteriores a 2014 es imposible bajo las condiciones actuales y cada año de guerra reduce las posibilidades de reconstrucción del país. «Es imposible alcanzar las fronteras de 1991. Cada día que pasa, Ucrania paga un precio mayor», se lamenta.
En su análisis, el principal obstáculo para una negociación no es militar, sino político, porque el final del conflicto obligaría a replantear la estrategia seguida durante años. «Zelenski es el principal obstáculo para la paz. Hará todo lo posible para que la guerra continúe, porque después habrá muchas preguntas», sostiene.
Después de la guerra
El exdiputado advierte además de que el final de los combates no resolverá automáticamente los problemas internos. Cree que Ucrania tendrá que afrontar divisiones profundas después de años de guerra, emigración y movilización, y que el país necesitará una reconciliación difícil.
Aun así, insiste en que no hay alternativa. Sin un acuerdo, afirma, Ucrania seguirá perdiendo población, recursos y estabilidad, y quedará cada vez más dependiente del exterior. «Ucrania necesita la paz como el aire. Sin paz no habrá futuro para el Estado», concluye. Una paz que, por ahora, parece lejos de acordarse mientras siga fluyendo el dinero del aparato militar-industrial de uno y otro lado.


