Viajar (o no)

De la Ciudad Eterna a la frontera de un país en guerra pasando por el salón de su casa

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Este mes, nuestros autores favoritos hablan sobre viajes o nos cuentan los suyos. De turismo, de aventura o de trabajo; de la Ciudad Eterna a la frontera de un país en guerra pasando por el salón de su casa.

A nuestro poeta de cabecera, Enrique García-Máiquez, no le gusta mucho eso de salir de sus dominios, pero lo entiende de maravilla. En Revista Misión, de la mano de varios clásicos, reflexiona sobre el tema de viajar (o no). «La clave radica —nos dice— en que ni el que se queda se olvide del auténtico viaje ni el que se marcha. A veces da la sensación de que nuestra época se ha tomado el turismo como una huida de la vida ordinaria con sentido».

Sin cambiar de revista, pasamos de un amigo sedentario a otro que ha recorrido las selvas más lejanas y las islas más desiertas: Javier Lozano entrevista a Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, quien —disculpen el autobombo— tuvo hace poco la generosidad de entregarme el Premio España Rumbo al Sur a la labor diplomática. Telmo cree que «la épica está volviendo», y que las nuevas generaciones «empiezan a buscar la bondad, la verdad y la belleza porque el espíritu humano es inquieto y está en una continua búsqueda de lo bello». Les aseguro que los chicos de la expedición España Rumbo al Sur, con los que me crucé en Panamá, lo tienen muy claro.

Hablando de aventuras exóticas, Jaime Cervera trae a su magnífica sección Ilustres olvidados, en The Objective, al canario Bernardo Cólogan. Aunque su papel en la película 55 días en Pekín es muy menor, Cólogan, embajador ante la corte de los Qing, tuvo un gran protagonismo durante la rebelión de los bóxers. Por si fuera poco, mi viejo compañero de profesión tuvo tiempo de componer un vals en pleno asedio.

Pablo Mariñoso brilla en cualquier género, pero se luce, precisamente, en las crónicas de sus viajes. Ahora está en Roma, y en su primera crónica romana, publicada aquí en LA IBERIA, reflexiona sobre las influencias con las que llegamos a un destino. «Uno de los vicios del turista moderno, que eso somos todos, consiste en seguir a pies juntillas las guías de viajes, reservar en tal salumeria —maravillosos locales de embutido— porque una prima lo hizo antes, visitar ese corner que tan famoso se hizo en redes sociales y comprar el típico arancini junto al Borgo Pío por muy siciliano que sea y nada tenga que ver con el suppli romano. La tentación constante es la de corretear de lado a lado tratando de tachar en una tablilla innumerables compromisos adquiridos Dios sabe con quién».

Desde mucho más lejos, la frontera entre Armenia e Irán, manda su crónica Joaquín Campos. La publica Ideas, el suplemento cultural de La Gaceta. «El trayecto hacia el paso fronterizo de Agarak es complejo. Decenas de policías y agentes secretos van y vienen en coches a toda velocidad frenando fílmicamente —en seco y levantando polvo tras hacer sonar los neumáticos— cuando el que escribe se detuvo ante la verja que, en paralelo al río Arks, divide a ambas naciones con intenciones fotográficas». No se la pierdan.

Cerramos con José María Contreras Espuny, que se mancha los dedos de tiza en La Gaceta y hace una defensa de la educación sin teclas. «Al final, las pantallas permanecerán en los centros que no puedan permitirse el lujo de prescindir de ellas. Será un elemento elitista: pizarras de las de tiza y niños con las manos pecosas de tinta azul. La distinción del papel y el lápiz».

Buena Semana Santa y feliz Pascua de Resurrección. Nos leemos en abril con una nueva entrega de esta atípica revista de prensa.