Maduro es historia

El final del chavismo se acelera con la caída del tirano venezolano sin oponer resistencia militar ni personal al primer ataque terrestre de los Estados Unidos

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Tras más de una década aferrado al poder y casi un cuarto de siglo de hegemonía chavista, Nicolás Maduro ha sido capturado por fuerzas de los Estados Unidos y trasladado fuera de Venezuela. El tirano será juzgado en los próximos meses en Nueva York, epicentro judicial de las causas internacionales por narcotráfico y crimen organizado. No es todavía el final del chavismo, pero sí el acontecimiento que acelera su desenlace.

Maduro ha sido detenido junto a su esposa, Cilia Flores, tras una operación militar de gran escala ejecutada durante la madrugada, acompañada de ataques aéreos selectivos sobre Caracas y enclaves estratégicos de su entorno. El golpe verdadero alcance del golpe al chavismo se mide por la reacción interna: el propio Gobierno venezolano reconoció públicamente que había perdido contacto con su presidente.

La comparecencia de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, cercana a José Luis Rodríguez Zapatero y el PSOE, exigiendo una «prueba de vida», certificó ante el país y ante el mundo la magnitud del impacto. El chavismo, construido sobre una lógica de mando vertical y lealtad personal, quedó súbitamente sin su vértice. En sistemas de este tipo, la ausencia del líder no es una anécdota: es un factor de descomposición acelerada.

Desde Washington, el anuncio fue realizado por el presidente Donald Trump, que confirmó la captura y el traslado de Maduro fuera del país. El mensaje político va más allá del individuo: los Estados Unidos dan por terminada la excepcionalidad venezolana, esa idea de que el poder chavista era inmune a la acción internacional.

El chavismo, después de décadas, no se reduce a Maduro. Es una arquitectura de poder que integra altos mandos militares, servicios de inteligencia, tribunales, empresas estatales y redes económicas que han sobrevivido gracias a su capacidad de adaptación. Pero esa estructura siempre necesitó una figura central que arbitrara conflictos internos, garantizara lealtades y mantuviera el equilibrio entre facciones.

La detención de Maduro altera ese equilibrio. Sin su figura, el coste de sostener el régimen aumenta, las fisuras internas se hacen visibles y la cohesión deja de estar garantizada. Los ataques sobre puntos clave como Fuerte Tiuna, La Carlota o el Puerto de La Guaira no fueron sólo demostraciones de fuerza: señalaron los pilares que ahora quedan expuestos.

Para Venezuela, lo ocurrido abre una ventana real de transformación. La caída de Maduro no basta por sí sola para desmontar el régimen, pero era una condición necesaria para que el proceso pudiera comenzar. Sin él, el chavismo pierde su eje, su símbolo y su capacidad de imponer disciplina desde arriba.

El juicio de Maduro en Nueva York será también un acontecimiento político de primer orden, con efectos directos sobre la élite chavista y sobre el futuro del país. El final del régimen no será inmediato, pero será. Con Maduro detenido, el chavismo ha entrado, por primera vez, en tiempo de descuento.

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