Si en junio traje a Haleakaloha lecturas perfectas para la piscina, los artículos de julio se los pueden llevar a la playa o a la montaña, o adonde gusten, siempre que estén a gusto. Nuestros autores favoritos, bien bronceados, nos brindan este mes guías útiles para no perdernos estos días de placer. Saquen el boli y el bloc y tomen nota.
En Lecturas —¡sí, en la revista Lecturas, esa en la que están pensando!— Jorge Freire nos ofrece una jugosa guía filosófica para el descanso estival. «Todo se estropea», nos cuenta, «si convertimos agosto en unas oposiciones al disfrute, con su agenda y su temario. Entonces no hablamos de vacaciones, sino de trabajo con chanclas. El ocio no exige epifanías diarias ni jornadas inolvidables, sino paseos, demorar un poco el ritmo, echar la siesta y dejar pasar la tarde sin que produzca absolutamente nada».
Teo Peñarroja nos anima en Nuestro Tiempo a alimentar nuestra creatividad con grandes libros. «La imaginación, como todo, se puede emplear bien o mal. Digo más: no usarla bien es ya usarla mal. Desatenderla —la nuestra o la de nuestros hijos o alumnos— es negligencia; darle comida basura es una insensatez. Necesitamos cultivar nuestra imaginación para rozar con los dedos eso que llaman felicidad».
No hay verano sin sus ritos, y Toni Gallemí nos lo cuenta en su Substack. «El rito forma parte de nuestra naturaleza y sigue vivo en buena medida de nuestros actos. Podemos verlo a nuestro alrededor, en cualquier lugar, y en las aspiraciones ingenuas e inocentes de un niño que nos habla del hombre». Su texto se titula El ritual del niño.
Antonio Salvador, en LA IBERIA, nos lleva de viaje a Maramures, Rumanía, «en el punto de encuentro entre la llanura panónica y las primeras estribaciones de los Cárpatos orientales». Una tierra de iglesias de madera, bosques impenetrables y «atardeceres en los que el vino brilla, seductor, atravesado por una luz cálida y milenaria». Están a tiempo de buscar billetes.
Ya ha terminado el Tour y todavía falta para que empiece la Vuelta, pero Iñako Rozas dedica una gran columna a las etapas llanas. «Las montañas son el lugar donde se deciden las clasificaciones, pero no donde transcurre la carrera. El Tour, como la vida, pasa la mayor parte del tiempo avanzando por carreteras que no obligan a levantar la vista del horizonte. Es ahí donde el pelotón encuentra su verdadero ritmo, donde los favoritos aprenden a esperar y donde los gregarios ejercen ese oficio silencioso que consiste en gastar las fuerzas para que otro conserve las suyas». A pedalear en LA IBERIA.
Cerramos con Marcela Duque, que nos invita en Nuestro Tiempo a vivir «un magnífico verano». «El tono festivo es lo propio del verano. Las vacaciones propician reuniones familiares y entre amigos, abundan las fiestas en los pueblos, las bodas y las grandes noticias que llegan con el final y el comienzo de curso. No basta con decir que valoramos a alguien o que nos alegra una noticia, sino que hay que celebrar con cierto adorno a esa persona y darle bombo a esa noticia».
Les deseo lo mismo que Marcela: un verano magnífico, en el sentido rico y profundo de la palabra. En Haleakaloha nos veremos en septiembre.


