El Gobierno más moderno y avanzado y progre de la historia vuelve a exhibir su laicismo militante… de quita y pon. Mientras presume de neutralidad religiosa y arrincona cualquier referencia a las raíces cristianas de España, parte de nuestra historia, de nuestro calendario y de nuestra cultura, felicita con entusiasmo el Ramadán, el mismísimo Miércoles de Ceniza.
Se desprecia la tradición católica mayoritaria, mientras, de manera nada casual, se aplauden festividades ajenas, invasoras, para apoyar la sustitución poblacional. La laicidad nunca fue principio, siempre herramienta. Como el feminismo de pancarta y tuit, tan vigilante con procesiones o símbolos cristianos, y tan ufano ante el burka, la ablación genital o la subordinación femenina.


