Una España que se va

Gente con un talento descomunal, muy lejos de los personajillos mediocres que pululan hoy por los grandes medios

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Hace unos días conocimos la noticia del fallecimiento de Fernando Esteso, uno de los protagonistas indiscutibles de aquel cine picantón que inundó España a finales de los 70 y principios de los 80.  Con su marcha, uno tiene la sensación —o más bien la certeza— de que hay una España que nos dice adiós. Me refiero, concretamente, a lo que podría considerarse la España oficial de los 70, 80 e incluso los 90.

Personajes que ocuparon horas de televisión, protagonizaron portadas, inundaron librerías con sus plumas o llenaron estadios. Personas que, en definitiva, acompañaron a los españoles de una forma u otra durante décadas. En los últimos años, han sido varios los artistas icónicos que han colgado los hábitos y apagado las luces: José Luis Perales, en 2022; Joan Manuel Serrat, a finales de ese mismo año; y hace unos meses, Joaquín Sabina. También el gran Julio Iglesias lleva varios años alejado de los focos. Un retiro que se suma al fallecimiento de otras figuras como Camilo Sesto o Montserrat Caballé. A ésta última, además de su voz inolvidable, muchos españoles la recordarán por su presencia en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

En el ámbito del cine no hemos vuelto a ver el talento de un Francisco Rabal, Fernando Fernán Gómez, Antonio Ferrandis, Carlos Larrañaga o Amparo Rivelles, entre otros muchos. De ese mismo mundo se despidió en 2012 el actor Sancho Gracia, al que siguieron Pepe Sancho y Álvaro de Luna, los tres grandes protagonistas de la mítica serie Curro Jiménez, que en la segunda mitad de los 70 se convirtió en todo un éxito televisivo.

El mundo de la comunicación se ha quedado huérfano de referentes. Hace algo más de tres años nos dejaba María Teresa Campos, la que sin duda fue reina de las mañanas durante muchos años y acompañó a muchos españoles en sus desayunos. Lo hacía un año después que Jesús Quintero, comunicador icónico que destacaba por su magnetismo y su forma única de entrevistar. También nos abandonó en la pasada década Jesús Hermida, presentador mítico de la década de los 80-90 y maestro de muchas presentadoras, lo que en su día se llamó las chicas Hermida. O José Luis Uribarri, la voz inolvidable de Eurovisión, que se despedía para siempre en 2012. Al que seguiría, seis años después, otro gigante de la comunicación que en sus últimos años fue la otra voz del concurso musical europeo: José María Íñigo.

En el ámbito de las letras también se han apagado ya muchas luces: el gran Antonio Gala nos dejó hace algo menos de tres años. Su muerte tenía lugar justo un año después del fallecimiento de Javier Marías, considerado por muchos uno de los mejores escritores contemporáneos. Como Fernando Sánchez Dragó. Si miramos algo más atrás, nos encontramos con la marcha de Francisco Umbral, una de las plumas más afiladas e incisivas de las últimas décadas. En el imaginario colectivo español ya queda para siempre el famoso «yo he venido aquí a hablar de mi libro».

La lista de despedidas es, por desgracia, demasiado larga. Lo que no cabe duda es de que, simpatías y antipatías aparte, era gente con un talento descomunal, muy lejos de los personajillos mediocres que pululan hoy por los grandes medios. Representantes de una España que, con sus defectos, era infinitamente más sana que la de hoy.

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