Esos Cinco (5ª Ed.)

Cinco libros recomendados por Mario Crespo, Clara Esteban, Vicente Niño, Antonio Salvador y Rafael Ruiz

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Cinco libros recomendados por cinco amigos de LA IBERIA el primer día de cada mes. En esta ocasión, el primero del año. Un centenar o dos de palabras para proponer uno cualquiera, actual o clásico, de ficción o no ficción. En esta edición, con cinco títulos distintos, sobre vidas sugerenteses. Ahí quedan los de enero. Los primeros de 2026. La edición número cinco de Esos Cinco.

Mario Crespo, diplomático | Havana Room

Havana Room

Bill Wyeth fue en otro tiempo un abogado de éxito con una vida envidiable, pero lo perdió todo (familia, trabajo, dinero y prestigio) tras un desdichado accidente doméstico. Cada día se sienta a la misma mesa de un anticuado steakhouse neoyorquino a disfrutar en soledad de un bistec especial de la casa y de un vaso de whiskey. Desde su palco de observador, pronto le llama la atención una discreta puerta por la que entran sólo algunos clientes, y sólo algunas noches: es el acceso al Havana Room, un salón privado escondido en el sótano que ofrece, por estricta invitación, un menú nada convencional. Es bien sabido que la curiosidad mató al gato, y a Wyeth su afán de fisgar le lleva deslizarse por un tobogán de enredos, tragedias y crímenes entre Manhattan y Long Island.

Entretenimiento inteligente, con vuelo literario —imposible pestañear durante las cinco páginas, sorprendentemente amenas, que dedica Colin Harrison a la historia inmobiliaria de la Gran Manzana—, una galería de personajes bien construidos, diálogos ingeniosos y una atmósfera a la altura de los grandes clásicos del género negro.

Clara Esteban, editora | La Carretera

La carretera

Cormac McCarthy firma en La carretera una de las novelas más implacables sobre el final de la civilización. Un padre y un hijo avanzan por una tierra calcinada tras un cataclismo nunca aclarado; una ausencia de explicación termina siendo una de las mayores virtudes del libro. El viaje es simple, caminar, buscar alimento, evitar a los otros. Todo el peso del relato recae en la relación entre ambos y en la obstinación por seguir siendo «de los buenos» cuando las reglas han desaparecido.

La prosa es seca, austera, deliberadamente lenta, y transmite el agotamiento físico y moral de unos personajes que sobreviven sin ilusiones, sostenidos apenas por el vínculo que los une. Sólo hay desgaste y continuidad, una persistencia casi mecánica en el avance, la repetición de gestos mínimos y la aceptación de que sobrevivir significa simplemente aplazar el inevitable final. McCarthy construye una oda a la decadencia y a la desesperanza, que no ofrece consuelo ni siquiera en su final abierto, dejando al lector frente a una pregunta incómoda: qué significa seguir adelante cuando casi todo ha dejado de tener sentido.

Vicente Niño, sacerdote | Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino

El Santo Tomás de Aquino de G. K. Chesterton es una magnífica biografía con la que tomar un primer contacto tanto con el Aquinate como con el propio Chesterton. O un inmenso divertimento de disfrute si ya les tienen algo tratados. La claridad con la que presenta el pensamiento teológico y filosófico de santo Tomás, sin simplificarlo ni volverlo inaccesible, es uno de los grandes valores de este libro. Chesterton que fue un inmenso amante del Medievo real, no del caricaturizado por la cultura contemporánea, logra mostrar la profundidad del pensamiento tomista con un lenguaje vivo y comprensible. Incluso a los 90 años de ser escrito.

Otra gran clave del libro está en el propio estilo de GK, su característico humor y su identificativo uso de la paradoja, su entusiasmo y vitalidad, convierten la argumentación y la profundización de su escritura en algo ágil y memorable, iluminando ideas complejas desde ángulos inesperados. Transmite, por si no fuera bastante, un fuerte sentido católico y esperanzador: la fe aparece como razonable, alegre y abierta al mundo, no como oposición a la razón, con el mismo tono combativo que santo Tomás tuvo contra la estupidez, la simplificación y la ignorancia, pero no de una forma cruda y airada, sino desde la ternura de la compasión y el amor que comprende la debilidad humana.

No es un dato menor que esta fuese la última biografía que escribió Chesterton (1933). En ella también se refleja su propia forma de entender y vivir la fe católica, como una síntesis armoniosa de razón, tradición y libertad. Y amor.

Antonio Salvador, físico | Canguro

Canguro

Novela sobre el ascenso y caída de un movimiento mussoliniano en Australia, escrita en 1923 a raíz de un corto viaje de su autor, D. H. Lawrence.

A pesar de su fama derivada del escándalo que rodeó a El amante de Lady Chatterley y novelas aparentemente solo románticas como Mujeres enamoradas e Hijos y amantes, Lawrence es, ante todo, un escritor conservador, cuyos temas son el matrimonio y la amistad entre hombres y su supervivencia en la sociedad de las máquinas. Hay que entenderlo en esos términos.

Canguro habla del desarraigo de aquellos que evitaron ser aplastados por la maquinaria estatal de la Gran Guerra. El protagonista vaga por el mundo y busca reconectar con la tierra a través de la comunidad, pero ninguna solución política puede ya ser natural. De ahí la incapacidad del protagonista para unirse al movimiento liderado por el Canguro del título, que le exige un amor del que no se siente capaz. A pesar del estilo brillante de Lawrence y de episodios memorables como sus fallidos intentos de reclutamiento forzoso, Canguro no es redonda y el autor muestra síntomas de agotamiento intelectual evidente en que la pareja protagonista nunca se independiza del autor y su esposa, Frieda.

Rafael Ruiz, jurista | Pepita Jiménez

Pepita Jiménez

Tengo que reconocer que esta obra cayó en mis manos de forma azarosa. Era uno más de los ejemplares de aquellas colecciones clásicas, habituales en los hogares donde se quería fomentar la lectura entre los miembros de la familia. Sería la sencillez de su título, o la vecindad de su autor, lo que me impulsó a sus páginas. No lo recuerdo. Pero hace bastantes años de aquello, y aún paladeo la excelsa exquisitez de ese español tan magistralmente modelado. Porque Juan Valera, en su Pepita Jiménez, no escribe, sino que juega con el lenguaje como un escultor con el barro.

La trama se desarrolla en una localidad andaluza de finales del siglo XIX. Don Luis de Vargas, seminarista natural de aquella villa, vuelve después de mucho tiempo, a pasar un tiempo de vacaciones en casa de su padre viudo, que está cerca de desposar a la joven Pepita. La relación de la prometida de su padre con don Luis, hará temblar los cimientos de su vocación, e introduce al lector en un apasionante juego de tensiones entre el deber, la pasión y la fidelidad.

El insigne cordobés Valera es capaz de sostener la atención y la incertidumbre hasta el final, al tiempo que deleita, sin cansar, con unas descripciones que se dibujan, con insuperable placer, en la imaginación del menos creativo.

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