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The Wild Bunch (XI): la crítica cultural, el puritanismo americano vs el catolicismo mexicano

El último disparo del Viejo Oeste, o cómo una película rodada en México destruyó el mito americano del 'cowboy'

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Hay una dimensión cultural de The Wild Bunch que rara vez se analiza explícitamente pero que Peckinpah tejió en cada fotograma: la contraposición entre la moral puritana y protestante del ángulo norte anglosajón y la moral católica, festiva y humana del México fronterizo.

La sociedad americana que aparece en la película —representada por el empresario ferroviario Harrigan y sus cazarrecompensas— es fría, hipócrita, calculadora. Actúa en nombre de la ley y el orden, pero es más violenta e inhumana que los propios forajidos. La iglesia que abre la película, con su coro entonando himnos mientras a su alrededor se desata el tiroteo, es una imagen de una ironía devastadora: la religión como decorado de la violencia.

México, en cambio —y esto es lo que Peckinpah muestra con genuino afecto— es un mundo donde se puede cantar, beber, llorar y celebrar sin hipocresía. El pueblo de Ángel recibe a la banda con música, comida y hospitalidad. La fiesta de Mapache en Agua Verde, aunque oscura y corrupta, tiene una vitalidad que el mundo anglosajón de la película no posee. Peckinpah, que amaba México con una pasión que ningún otro director de Hollywood de su época compartía, filmó ese contraste como un californiano que había vivido en la frontera: con la conciencia de que algo más rico y más antiguo latía al sur del Río Grande.