Santos e Inocentes

Este domingo se ha celebrado el día de los Santos Inocentes y el de la Sagrada Familia. Una coincidencia, dos caras de lo mismo. En España, 106.172 bebés son asesinados cada año en el vientre de su madre. Ni «derecho reproductivo», ni una «interrupción voluntaria»: eliminación sistemática, industrial y burocrática de vidas humanas en su fase más indefensa (y más cara para el Estado).

La opinión publicada ha envuelto el aborto en un lenguaje que oculta su verdadera naturaleza. Detrás de cada número hay un corazón que deja de latir, una biografía truncada, una ausencia que pesa sobre una sociedad envejecida y cansada. Se proclama la defensa de los vulnerables mientras se abandona al más vulnerable de todos.

La defensa de la vida es el fundamento de cualquier civilización que se pretenda humana. O debería serlo. España no necesita más invasión migratoria ni más leyes que faciliten la muerte, sino más españoles. Una nación que mata a sus hijos renuncia a su futuro.

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