He vuelto a un libro que marcó mi adolescencia. Dice Sabina que allí donde fuiste feliz no deberías tratar de volver. Sin embargo, el libro me ha impactado más todavía. Se trata de El esbirro, una novela autobiográfica, en la que Sergei Kourdakov narra su infancia en varios orfanatos de Rusia durante los años cincuenta. El orfanato me parece una buena imagen de la URSS. Cada año llegan trabajadores jóvenes con ilusión, pero enseguida caen en la apatía. El sistema, enorme y rígido, impide cualquier cambio. Los jefes no han elegido ese trabajo. Es un cementerio de altos cargos comunistas condenados por motivos insondables.
Después de convertirse en el rey del orfanato, Kourdakov ingresa en el ejército y se convierte en líder de las juventudes comunistas. Se entrega al partido con devoción y esfuerzo. En poco tiempo cosecha reconocimientos de sus superiores, premios de artes marciales y cargos de alta responsabilidad en la academia y el partido.
Otro momento revelador es el encuentro con líderes regionales del partido. Ellos comen caviar en una sala exclusiva. Todos los dirigentes terminan en estado etílico. «Por menos de eso he echado a algunos cadetes de la academia». Uno de ellos, antes de desmayarse, grita contra el comunismo y contra Lenin. Kourdakov sólo desea que no recuerde nada al despertar. Ser testigo de algo así puede llevarle a la desaparición en cuestión de días.
Sus éxitos le llevan a alcanzar un honor inesperado. Es reclutado por la policía soviética para una misión especial: formar y dirigir una brigada anticristiana. Detalla las palizas a ancianos reunidos para leer la Biblia. Kourdakov no esconde la crudeza de sus acciones, ni la valiente insistencia de los cristianos en practicar su fe. Ante su asombro y a pesar de los esfuerzos ingentes del Kremlin, los creyentes crecían, también entre los jóvenes, formados en la doctrina marxista.
Kourdakov sufre una transformación interior. Lo primero que experimenta es una desilusión tremenda. Antes de encontrarse con la fe, se da cuenta de que el comunismo es mentira. La igualdad entre los hombres consistía en dar palizas a ancianos indefensos por cantar canciones a Dios. La conversión de Kourdakov es un proceso en el que intervienen distintos factores: una muchacha que insiste en practicar la fe a pesar de la violencia, unas palabras del Evangelio que lee de pasada y la comprobación de que ningún cargo del partido practica las doctrinas comunistas. Lo que le empuja a huir del país es la certeza de que no puede dejar de ser policía. Le han elegido para ese cargo y no tiene escapatoria. Así que decide jugarse la vida intentando llegar a Canadá. Allí se hace cristiano, aprende el idioma y comienza una serie de conferencias sobre la persecución de creyentes en la URSS. Por desgracia, Sergei no vivió mucho tiempo.
Una mujer hizo un documental. En él salen señoras rusas diciendo que en los sesenta se reunían para rezar sin ningún problema. En el minuto 29 aparece un exmilitar, antiguo compañero de Sergei. Niega ninguna vinculación con la KGB mientras fuma con la mirada extraviada. Luego se entrevista a varios antiguos camaradas, la directora del orfanato y el hermano de Sergei. Todos coinciden en que Sergei miente y el libro es propaganda occidental. Al final sale la chica que ha empezado el documental hablando ruso y explicando que ha cambiado de idea. Empezó pensando que la historia era cierta y ahora se ha dado cuenta de que es mentira y que Rusia es un sitio estupendo. Supongo que lo más justo sería preguntar a Sergei, pero no es posible porque murió en un desafortunado accidente.


