España sigue siendo, por ahora, un país relativamente seguro, con tasas de homicidio bajas en comparación con Europa. En cambio, bajo los datos de asesinatos se observan tendencias inquietantes —en nuestras calles—: las tentativas de asesinato se disparan, las violaciones casi se han duplicado desde 2019 y la okupación ya es un crimen normalizado.
La propensión a delinquir es muy superior entre los jóvenes, los varones y, de forma especialmente marcada, entre determinados colectivos de inmigrantes (sobre todo africanos e iberamericanos), sobrerrepresentados en prácticamente todos los delitos graves y en las cárceles españolas.
Más allá de la propaganda, que insiste en la invasión migragotoria, más dispuestas a aceptar peores condiciones de vida, los datos confirman lo que ven nuestros ojos. En España, proporcionalmente, los extranjeros comenten más crímenes que los nacionales, y lo hacen de manera más agresiva.


