De Pedro Monzón a Enzo Fernández: las seis expulsiones que decidieron finales del Mundial

Unas sanciones en el partido decisivo que siempre describen la misma escena: la tarjeta llega cuando el equipo ya ha renunciado a ganar con el balón

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El árbitro esloveno Slavko Vinčić mostró la segunda amarilla a Enzo Fernández en el minuto 90+3 de la final de Nueva Jersey y, con ella, la sexta tarjeta roja de la historia de las finales del Mundial. Argentina afrontó los treinta minutos de la prórroga con diez hombres y España encontró el gol en el 106, obra de Ferran Torres tras un centro de Pedro Porro prolongado de cabeza por Nico Williams.

La secuencia no es una casualidad ni una anécdota estadística. En cinco de las seis expulsiones que registran las finales de la Copa del Mundo, el equipo que se quedó en inferioridad terminó perdiendo el título, y la única excepción se produjo cuando el partido ya estaba resuelto. El expediente disciplinario de la cita decisiva, abierto en Roma en 1990 y cerrado por ahora en East Rutherford, describe un patrón que no admite lectura amable para quien lo protagoniza: la tarjeta llega cuando el equipo ya ha renunciado a ganar con el balón. La mitad de los nombres de esa nómina son argentinos.

Roma, 1990: la primera vez fueron dos

Hubo que esperar sesenta años para que un futbolista viera la roja en una final. Pedro Monzón llevaba apenas veinte minutos sobre el césped del Olímpico —había entrado en sustitución de Óscar Ruggeri— cuando su entrada a destiempo sobre Jürgen Klinsmann le convirtió, en el minuto 65, en el primer expulsado de la historia del partido decisivo. La fama del delantero alemán como especialista en la caída teatral no le sirvió de atenuante.

Argentina no había terminado de digerir la primera cuando llegó la segunda. Gustavo Dezotti se marchó por doble amonestación en el tramo final del encuentro, tras trabarse con Jürgen Kohler. La Albiceleste, campeona cuatro años antes en México, terminó con nueve hombres y perdió 1-0 con un penalti transformado por Andreas Brehme a cinco minutos del final. Aquella final, la peor recordada del torneo moderno, estableció el precedente: la dureza aparece cuando el balón ya no se domina.

París, 1998: la única expulsión que no cambió nada

La roja de Marcel Desailly en el Stade de France suele quedar sepultada bajo el doblete de Zinedine Zidane. El defensa francés fue amonestado en el minuto 49 por protestar una falta que el colegiado le señaló sobre Cafú y vio la segunda por infringir de nuevo al mismo jugador. Francia defendió durante más de veinte minutos una ventaja de dos goles con un futbolista menos, y no sólo la conservó: la amplió hasta el 3-0.

Es el único caso en que la expulsión no alteró el desenlace, y precisamente por eso confirma la regla. Desailly se fue con el partido resuelto. Los otros cinco expulsados se marcharon con el título todavía en disputa.

Berlín, 2006: la roja que clausuró una carrera

Ninguna es tan recordada como la de Zidane. Francia e Italia empataban a uno en la prórroga del Olímpico de Berlín cuando el capitán francés y Marco Materazzi —los dos goleadores del encuentro— intercambiaron palabras. El italiano deslizó un comentario sobre la hermana del francés y este respondió con un cabezazo en el pecho.

Ni el árbitro argentino Horacio Elizondo ni su asistente vieron la acción; sí lo hizo el cuarto árbitro. Elizondo relató después a la prensa italiana su sorpresa ante la reacción del jugador, que aceptó la expulsión sin discutirla y se limitó a preguntarle si había visto lo que la había provocado. Zidane abandonó el campo por el túnel de vestuarios pasando junto al trofeo que él mismo había ayudado a levantar ocho años antes. Francia cayó en la tanda de penaltis. Era el último partido de su carrera.

Johannesburgo, 2010: la fricción como plan

La final de Soccer City ofrece el precedente más literal de lo ocurrido en Nueva Jersey. Los Países Bajos concluyeron que la única forma de desactivar el juego de posesión español pasaba por la intimidación física, y el inglés Howard Webb repartió catorce tarjetas amarillas para contener un partido que se le desbordaba.

John Heitinga vio la segunda en el minuto 109. El futbolista al que había derribado, Andrés Iniesta, marcó el gol del campeonato siete minutos después. España ganó su primer Mundial contra diez hombres.

Nueva Jersey, 2026: el mismo guion, dieciséis años después

El paralelismo es exacto en lo esencial. Enzo Fernández recibió la primera amarilla en el minuto 82 por protestar una decisión arbitral y la segunda en el descuento, por llegar tarde a un despeje de Pau Cubarsí al que arrolló en el intento. Como en 2010, el equipo que quedó en inferioridad era el que había renunciado a competir con el balón: Argentina no realizó un solo remate entre los tres palos durante los noventa minutos reglamentarios. Como en 2010, el gol español llegó después de la expulsión y en la prórroga.

La conclusión no es que España haya ganado dos Mundiales gracias a dos tarjetas rojas, sino algo más incómodo para quien las recibió: en ambas finales, la roja fue el síntoma de una impotencia previa, no su causa. El carácter metódico y paciente del triunfo español tiene su reverso exacto en la tarjeta que se lleva el rival.

Una nómina con acento argentino

De los seis expulsados en una final del Mundial, tres visten la camiseta albiceleste: Pedro Monzón, Gustavo Dezotti y ahora Enzo Fernández. Argentina posee así, en solitario, el récord de expulsiones en el partido decisivo, y lo ha logrado en dos de las cinco finales que ha disputado. Francia aporta dos nombres; los Países Bajos, uno.

El Mundial de 2026 deja además una nota a pie de página que merece archivarse. En dieciseisavos, el delantero estadounidense Folarin Balogun fue expulsado y sancionado con un partido; Donald Trump reconoció haber telefoneado a Gianni Infantino para que se revisara el castigo, y la FIFA lo suspendió temporalmente. La creciente confusión entre el poder deportivo y el político alcanzó incluso al reglamento disciplinario. En la final, en cambio, nadie descolgó el teléfono: Vinčić enseñó la roja y Argentina jugó la prórroga con diez.