Por primera vez, Mohamed ha superado a Manuel como el nombre más dado a los recién nacidos varones en Andalucía. El Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía confirma el cambio, que hace de la comunidad más poblada de España en el último territorio europeo de peso en alcanzar un hito ya registrado en Inglaterra y Gales, Bélgica, y partes de Francia y Alemania. Manuel había encabezado la lista todos los años desde 2016.
Los nombres de recién nacidos son uno de los indicadores estadísticos más fiables del origen cultural de una población, porque son elegidos libremente por los padres. No son el resultado de una burocracia ni de ninguna presión externa, sino la expresión directa de quiénes son los que conforman una comunidad.
La escala de la sustitución
El caso andaluz no es singular, pero tiene una dimensión propia. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2023 había en España casi 76.000 personas llamadas Mohamed, más que las registradas con nombres como Gonzalo o Felipe. En Almería, la tendencia se detectó ya ese mismo año, Mohamed igualaba a Antonio como tercer nombre masculino más frecuente en la provincia, con 51 registros cada uno. Lo que entonces era una señal localizada en el sureste se ha extendido ahora a toda la región.
El patrón europeo va en la misma dirección. En Austria, el número de recién nacidos con ese nombre creció un 732% en los últimos 25 años. En Irlanda, un 372%. En Francia, un 127%. En 2020 la población musulmana representaba el 6% del total europeo, con proyecciones que la sitúan en torno al 11% en 2050 bajo un escenario de migración media. Nada en la política migratoria actual de la Unión Europea hace prever que ese escenario resulte ser el más favorable. En España, el modelo migratorio presenta desequilibrios estructurales insalvables.
La sombra de Al-Ándalus
La recuperación de Al-Ándalus es una reclamación explícita y documentada del islamismo político. Bin Laden la incluyó en sus proclamas. Al-Zawahiri dedicó en 2007 un mensaje específico a los musulmanes del norte de África apelando a la obligación de recuperar el territorio. El Estado Islámico produjo vídeos en los que combatientes de acento norteafricano, en castellano, reclamaban España como parte de un futuro califato. Estas referencias no representan a la mayoría de los inmigrantes marroquíes asentados aquí, pero forman parte del contexto ideológico en el que operan determinadas redes de predicación.
Las propias autoridades españolas han advertido en distintos informes que la predicación islamista en redes sociales —con influencers jóvenes, nacidos en España y en castellano— representa un desafío difícil de seguir con los instrumentos actuales.
Una transformación política
El flujo de inmigración procedente de países de mayoría musulmana, principalmente Marruecos, ha transformado la composición de Andalucía sin que ningún partido de gobierno haya diseñado un plan de integración de calado real. La integración requiere tiempo, lengua compartida y normas cívicas comunes. La velocidad del flujo actual hace difícil que cualquiera de esas condiciones se cumpla de forma sostenida.
Los números lo corroboran. A 1 de enero de 2025, Andalucía contaba con 1.139.086 residentes nacidos en el extranjero, el 13,13% de su población total, y 900.913 con nacionalidad extranjera. En el mercado laboral, los trabajadores inmigrantes ocupados pasaron del 9% del total en el último trimestre de 2018 al 11,11% en el mismo período de 2025, según la Encuesta de Población Activa. Son cifras todavía por debajo de la media nacional —que roza el 16%— pero la trayectoria es inequívoca y la velocidad del cambio, sostenida.
Moreno Bonilla y la coartada integradora
Frente a estos datos, el presidente de la Junta ha optado por una posición que en la campaña del 17M resulta cada vez más difícil de sostener. Su programa electoral incluye un apartado titulado «Empleo y población migrante: una apuesta integradora» en el que el PP andaluz defiende que la inmigración no está saturando el mercado laboral, pondera su contribución al crecimiento económico y a la sostenibilidad del sistema de pensiones, y promete una nueva «estrategia andaluza de política migratoria» centrada en la «diversidad y convivencia». Moreno ha rechazado explícitamente la prioridad nacional y se ha distanciado de los acuerdos de gobierno que su propio partido ha firmado con Vox en Extremadura y Aragón.
Es una posición coherente con la línea globalista dominante en el PP europeo, pero incongruente con los datos que produce su propia región. Un presidente autonómico que gestiona la frontera sur de Europa, que registra el mayor nombre masculino de recién nacidos de origen islámico de la historia de Andalucía, y cuya respuesta programática es hablar de «diversidad y riqueza de nuestra sociedad plural», está eludiendo la pregunta que sus propios registros civiles formulan.


