Hubo un tiempo en el que existía una norma no escrita pero férrea: un gobernante incapaz de aprobar los presupuestos asumía su fracaso político y devolvía la palabra a los votantes. Entonces la aritmética parlamentaria no era un accidente, sino la expresión directa de la voluntad popular. Hasta ahí, María Guardiola, bien.
Los extremeños se han expresado a través de las urnas, y lo han hecho con más precisión que en 2023. Han negado la mayoría absoluta tanto al PP como, con mayor contundencia, al PSOE, y han otorgado más del doble de apoyo a Vox, la fuerza que ofreció una vía para desbloquear los presupuestos y que fue olímpicamente ignorada.
Ya no caben equilibrios retóricos ni huidas hacia adelante. Guardiola sólo tiene dos caminos políticamente coherentes. Escucha de verdad lo que han dicho los extremeños y actúa en consecuencia o asume que su margen se ha agotado. Gobernar sin ánimo de llegar a acuerdso será, entonces, renunciar a presidir Extremadura. Quizá para siempre.


