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The Wild Bunch (XII): la revolución cinematográfica, técnica al servicio del espanto

El último disparo del Viejo Oeste, o cómo una película rodada en México destruyó el mito americano del 'cowboy'

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The Wild Bunch rodó durante 81 días con un presupuesto que comenzó en 3.451.400 dólares y terminó superando los seis millones, habiendo expuesto 225.000 pies de película —más de 68.000 metros—, la cantidad más grande filmada para una producción de Hollywood hasta ese momento. El equipo de efectos especiales usó 239 armas y más de 90.000 cartuchos . Según el exagerado departamento de publicidad de Warner Bros., se utilizaron más cartuchos que en toda la Revolución Mexicana.

El director de fotografía Lucien Ballard filmó en Technicolor y Panavision, capturando los paisajes desérticos de Coahuila con una dureza y una belleza simultáneas que ninguna película del Oeste había logrado antes. La música de Jerry Fielding —que incluye la canción popular mexicana La Golondrina, cantada con una emoción desgarradora cuando la banda abandona el pueblo de Ángel— recibió una nominación al Oscar y constituye una de las partituras más expresivas del cine americano de los años sesenta.

El aporte técnico que más transformó el lenguaje cinematográfico fue el trabajo de montaje de Lou Lombardo. La técnica de intercalar planos a cámara lenta con cortes rapidísimos durante las secuencias de acción creaba un efecto casi hipnótico, que forzaba al espectador a contemplar la muerte en detalle. Nada de esto había existido en el cine americano antes de The Wild Bunch.

El reparto reunió a una galería de actores de carácter memorables. Ben Johnson —cowboy de rodeo y jinete profesional antes que actor, doble de acción en muchas películas de John Ford— encarnó a Tector Gorch con una fisicidad y una autenticidad que ningún actor de estudio podría haber igualado. Era de los hombres que habían vivido el Oeste antes de interpretarlo.