Bucarest en movimiento

La muestra es fruto de la colaboración entre el Instituto Cultural rumano, la Embajada de Rumanía en el Reino de España y el Museo del Municipio de Bucarest

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He visitado esta ciudad en blanco y negro, a pesar de que ya no exista, de la mano de Eminescu, Eliade, Pârvulescu y otros grandes escritores rumanos de los siglos XIX y XX. Ahora, gracias a esta exposición titulada Bucarest: mapas en movimiento veo tal como fueron las calles que tantas veces he recorrido en los libros. La muestra es fruto de la colaboración entre el Instituto Cultural rumano, la Embajada de Rumanía en el Reino de España y el Museo del Municipio de Bucarest y se enmarca en las celebraciones de los 145 años de relaciones entre los dos países.

En esta exposición se dan cita lo antiguo y lo nuevo, Oriente y Occidente, la Belle Epoque y nuestro tiempo. Gracias a las fotografías que ha cedido el Museo del Municipio de Bucarest, puedo admirar el desfile militar que encabezó el rey Fernando I el leal acompañado por el príncipe heredero Carlos II allá por los años 20. Me miran dos señoras con un perro que descansan en un banco del Jardín del Obispado frente al Ateneo Rumano a comienzos del siglo pasado, mi siglo, el de la Gran Guerra, las Vanguardias, el periodo de Entreguerras, la II Guerra Mundial, la Guerra Fría —muchas guerras— pero también el siglo de Cioran, Brâncuși y Cartarescu. Todo lo ha visto esta ciudad cuyos vecinos nos contemplan sentados a la puerta de esta confitería —la Cofiteria E. Basiliu— con sus sombreros y sus bastones de caballeros respetables.

En el folleto leo que «la construcción de una ciudad moderna desde el punto de vista urbanístico en Bucarest representó una prioridad para la intelectualidad rumana del siglo XIX». Europa era la modernidad y Bucarest entró en ella por la puerta grande, la de las avenidas amplias y los palacios de la burguesía. Ahí está el Monumento a los Aviadores para testimoniar el siglo en que los rumanos alzaron el vuelo.

Pero no nos dejemos llevar por la nostalgia. Bucarest no es una pieza de museo, sino una ciudad vibrante que recuerda el espíritu latino de Rumanía. El doctor Adrian Majuru, director del Museo cuyos fondos admiramos, advierte en el folleto que «el Bucarest de hoy es una gran ciudad que se apresura a crecer con cada generación». Aquí se hace la vida en las plazas, las calles y los cafés. Entonces y ahora las terrazas están llenas haga calor o frío. Las noches se iluminan con el reflejo de las farolas sobre la nieve. Las fotografías del gran Dragoș Asaftei, reconocido fotógrafo rumano, animan el paisaje urbano de una ciudad viva y palpitante.

Yo me quedé buscando la calle Mântuleasa, donde sitúa Mircea Eliade su relato El viejo y el funcionario. No la he encontrado en ninguna foto, pero tengo que volver a mirar bien porque esta Bucarest y en los cuentos de Eliade nunca se sabe: puede que lo maravilloso aparezca donde menos se lo espera.

Pueden visitar esta exposición en la sala de Exposiciones Maruja Mallo del distrito Retiro (Madrid) hasta el próximo 5 de febrero.

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