El sondeo de Sigma Dos publicado con el nuevo año revela una España cansada, escéptica y políticamente tensionada, pero también resignada a que el actual Gobierno agote la legislatura. La mayoría no cree que Pedro Sánchez vaya a adelantar las elecciones y asume que Manual de resistencia no era un título más o menos fanfarrón sino mera declaración de intenciones. La profecía autocumplida nos arrastrará a todos, como mínimo, hasta 2027.
El deseo de elecciones o de un cambio de gobierno se ha convertido en la principal aspiración colectiva para 2026, incluso por delante de anhelos globales como la paz internacional. Este dato refleja hasta qué punto la política ha pasado a percibirse como un factor de bloqueo más que de solución. No obstante, cuando los españoles miran a su esfera personal, las prioridades cambian: salud, empleo y estabilidad pesan más que las urnas, lo que revela una clara desconexión entre la agenda política y las preocupaciones de la gente corriente.
El resultado más relevante de la encuesta no es tanto la expectativa electoral como el deterioro de la confianza política. La mayoría interpreta los casos que afectan a socialistas no como episodios aislados, sino como síntomas de una corrupción estructural. Que esta opinión ya sea compartida por más de un tercio de los votantes del PSOE evidencia una grieta en el relato oficial del partido y un desgaste que va más allá de la oposición tradicional. La pregunta sería por qué lo llaman corrupción estructural cuando quieren decir Régimen del 78.


