Antes, el Gordo de Navidad era una manera directa de acceder a la propiedad. Hacía de la suerte ladrillo, rentas y seguridad económica. Hoy, en cambio, apenas alcanza para aliviar una hipoteca o acceder, según dónde, a una vivienda media.
La comparación histórica es implacable. Hoy se paga más por jugar y se obtiene menos a cambio. Muchísimo menos. El desplome del retorno por euro es una muestra evidente de la inflación, sí, y también de cómo la Lotería de Navidad se ha degradado desde el Gobierno.
La Lotería se vende como nunca, así que para el Estado funciona como nunca. Es un impuesto voluntario con camuflaje de tradición, tono emocional, socialmente casi obligatorio. Reparte más distracción que ilusión, pero riqueza, poca.


