En la reciente cena de Navidad del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoo y otros dirigentes de la formación aprovecharon el ambiente festivo para subrayar su identidad católica y felicitar la Navidad desde un discurso confesional. Esta estrategia recuerda a las apelaciones de Isabel Díaz Ayuso a la fe para conectar con votantes católicos pese a que los populares presentan un programa abiertamente contrario.
Frente a esto, la victoria reciente de José Antonio Kast en las elecciones presidenciales de Chile (elegido con cerca del 58 % de los votos) nos ha dejado la declaración de un político que se confiesa católico convertiendo su fe —no podía ser de otra forma— en núcleo integral de su proyecto político y de gobierno. Kast, líder del Partido Republicano chileno, ha articulado explícitamente su identidad religiosa en su discurso público y en su plataforma, posicionándola como eje de sus prioridades sociales y morales.
Feijoo no es Kast. Aunque pocas horas después de que se viralizaran las declaraciones del chileno, el gallego haya pensado que quizá pueda engañar, al estilo de Ayuso, a creyentes incautos.
Su partido adopta sistemáticamente medidas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia sobre la dignidad humana. Son bien conocidas las declaraciones de Feijoo o Ayuso considerando el aborto como derecho. Un católico no puede votar a un partido abortista. Los líderes del PP no pueden tratar de reclamar el voto católico confundiendo a la gente.
No se trata de repartir carnés de catolicismo, sino de afirmar que instrumentalizar la fe con fines electorales es políticamente despreciable.


