Votar a Mohamed

El 17 de mayo, los andaluces votarán más que un gobierno regional, seguir llamando «integración» a una transformación demográfica que avanza impulsada, patrocinada, financiada por el poder, sin que nadie asuma sus consecuencias.

Mohamed ha superado a Manuel como nombre más frecuente entre los recién nacidos varones. Se trata de un síntoma político y cultural. Los nombres expresan continuidad, arraigo, pertenencia.

Moreno Bonilla, como el resto de los partidos con representación en el Hospital de las Cinco Llagas salvo Vox, ha optado por tratar ese cambio —su cambio— con el vocabulario anestésico de la «diversidad», la «convivencia» y la «sociedad plural». Su respuesta ante la invasión migratoria no es ordenar, limitar ni revertir, sino administrarla con una sonrisa institucional asín de ancha.

Andalucía, puerta sur de Europa, es así un laboratorio demográfico de difícil reversión. La proliferación de los niños llamados Mohamed revela una sustitución acelerada, impulsada por el poder, presentada como riqueza inevitable.

Ni riqueza ni inevitable. En dos domingos los andaluces decidirán si Andalucía —mestiza natural, no artificial— estará más cerca de seguir siendo Andalucía o, en cambio, se resignarán a votar a Mohamed para que mañana sea Mohamed quien vote.