Vidas heroicas a su pesar

En 'El caballero de la resignación' Vintilă Horia muestra la tragedia esencial del ser rumano, común a todas las naciones europeas de frontera

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El caballero de la resignación es una novela histórica con trasfondo filosófico publicada en 1961, un año después de que Vintilă Horia ganara el premio Goncourt con Dios ha nacido en el exilio. Ambientada en la Valaquia del siglo XVII, el autor toma diversos episodios relacionados con la secular dominación otomana de aquellas tierras para construir un cuadro atemporal sobre la destrucción de la identidad nacional y la tragedia del exilio, interior o exterior, que la acompaña.

Nacido en 1915, la vida de Vintilă Horia, pseudónimo de Vintilă Caftangioglu, quedó señalada al marcharse de Rumanía tras la Segunda Guerra Mundial. Su obra literaria, desarrollada en el extranjero, está definida por sucesivas incursiones en el tema del exilio. Como otros escritores rumanos, Horia abandonó su lengua en favor del francés y del español, lo que sin duda ha contribuido a que se mantenga bajo cierta oscuridad en su país. Después de pasar temporadas en Italia, Argentina y Francia acabó por establecerse en España, donde vivió hasta su muerte en 1992. Gracias a sus vivencias, únicas, y al fértil clima intelectual del movimiento nacionalista rumano en el exilio, pudo desarrollar contactos profundos tanto en Europa como en América, que le permitieron convertirse en el primer agente literario profesional del ámbito hispanohablante, maestro de Carmen Balcells.

Antes de la guerra, Horia había estado vinculado a los partidos nacionalistas que apoyaban al rey Carlos II, enfrentados con la Guardia de Hierro y el mariscal Antonescu, incondicionales en su germanofilia. Su mentor, el oportunista Nichifor Crainic, era un destacado político e intelectual conservador que luego acabaría prosperando bajo el comunismo como editor de periódicos y revistas oficialistas. Es probable que la conversión de Crainic fuera el modelo en el que se inspiró el régimen para intentar chantajearlo al ganar el Goncourt en 1960. Tras el rechazo de Horia a contribuir a lavar su imagen internacional, el gobierno de su país instigó una campaña de difamación contra él, dirigida por Jean-Paul Sartre y apoyada por la intelectualidad comunista francesa. La operación, basada en su mayoría en falsedades, tuvo bastante éxito gracias a algunos artículos antisemitas que Horia había escrito durante los años treinta. La ironía es que pocos años antes el régimen que lo denunciaba había concluido la purga definitiva de los judíos de cualquier posición de poder en el estado comunista rumano. Con esta hipocresía se buscaba ignorar que las culpas de Horia no eran mayores que las de sus contemporáneos: su antisemitismo era compartido por la práctica totalidad del nacionalismo rumano, conservador o comunista, y derivaba del apoyo tradicional de la comunidad judía al irredentismo húngaro en Transilvania.

El caballero de la resignación, novela en francés, la primera que Horia escribió tras esta polémica, es un alegato contra la alienación que acompaña al exilio. Radu-Negru, príncipe de Valaquia, sucede a su padre en un momento crítico, tras la conquista casi total de su dominio por los turcos. La aristocracia valaca se ha visto forzada a abandonar las ciudades y retirarse a las montañas, donde malvive con amargura. Atrapados, llenan su tiempo con ensoñaciones escapistas, resentidos por haber nacido en aquella esquina incómoda del mundo cristiano. En la llanura muchos campesinos aceptan el dominio extranjero y acaban por adoptar incluso su religión. Como horizonte vital, el caso extremo de los jenízaros, la obra más refinada del conquistador, que secuestra a sus niños para, alienados, convertirlos en ejecutores de la opresión otomana. Impregnado por un fatalismo de inspiración ortodoxa, el príncipe no cree en la grandeza de su lucha, que considera en sí misma una resignación, tan mezquina como cualquier otra ambición humana. Sin sed de poder, pero atado a su deber, marcha a Venecia con el objeto de convencer a la Serenísima de emprender una cruzada para reconquistar su país. En esa ciudad encontrará un mundo dedicado a distracciones en apariencia elevadas y ajeno a la amenaza otomana, que lo tentará a abandonar su misión en la frontera de la cristiandad. Los venecianos, entregados al suicidio lento que supone su permanente búsqueda de la felicidad, sirven como contrapunto al heroísmo no buscado de la vida en los Cárpatos. En su viaje el príncipe aprende que el vínculo ancestral con su tierra, al que no puede renunciar, da sentido a su vida. Acepta su destino, sin traiciones ni atajos, en contra tanto de lo pragmático como también de un idealismo orientalizante.

Novela erudita pero accesible, El caballero de la resignación se puede leer como mero entretenimiento, aunque el lector atento encontrará mayor complejidad entre sus páginas. Horia utiliza un simbolismo eficiente para retratar el conflicto esencial del ser rumano, siempre al borde del exilio, en la encrucijada de escapar lejos de su tierra, mantenerse fiel a sus raíces latinas o aceptar el suicidio que implicaría la asimilación cultural por parte de sus vecinos, turcos o eslavos. La edición, correcta, que ha leído quien escribe estas líneas es la traducción original de Ediciones Destino, de la colección Áncora y Delfín. Ciudadela la ha reeditado en 2008. Sin conocer esta última versión, convendría que futuras revisiones incluyeran notas al pie que aclarasen a la mayoría de los lectores españoles el significado de ciertos términos y episodios de la novela, inspirados por la historia rumana y su folclore popular. La novela sólo se tradujo al rumano en 1991, tras la caída del comunismo.