Hay una ciudad que esconde muchas ciudades dentro. Un director que esconde muchos directores en su interior. Ciudad y director comparten un universo de pequeños detalles. Ambos han llegado a convertirse, con sus luces y sus sombras, en verdaderos iconos de la modernidad. La ciudad es Nueva York y el director es Martin Scorsese.
Aunque naciera en Queens (1942), la trayectoria vital de Scorsese comienza, como comenzó para muchos inmigrantes ítalo-irlandeses en Norteamérica, especialmente en Little Italy, la pequeña Italia. Barrio en el que la mafia dictaba las normas.
El camino comienza de forma abrupta para el pequeño Scorsese. Es un niño demasiado frágil y enfermizo como para enfrentarse a unas calles donde impera la ley del más fuerte. Es por eso que se refugia en las salas de cine. Se pasa el día viendo películas mientras su fe católica crece. Lo que le lleva a ingresar en el seminario a los quince años. Sin embargo, lo abandona pronto porque no encontró el camino para convertirse en un santo, como de la misma forma comprendió que nunca llegaría a ser un gánster decente. De modo que Scorsese decide dedicarse con todas sus energías a su pasión: el cine.
Las calles como material de rodaje
Tras completar sus estudios cinematográficos y dirigir diferentes trabajos audiovisuales, logra su primer éxito con Malas calles, un film con toques autobiográficos que se sitúa en Little Italy. Conocerá el método Stanislavski y a Robert De Niro. Tras Alicia ya no vive aquí, Scorsese abandona su barrio para sumergirse en la vorágine de la Gran Manzana, y ¿qué mejor forma de hacerlo si no es en taxi? Taxi Driver es un retrato de la vida nocturna de una Nueva York marginal y opresiva, desde la perspectiva de un veterano de Vietnam que vuelve a casa y se siente rechazado por la sociedad.
Después de toda la tensión acumulada en sus trabajos anteriores, Scorsese relaja el pulso dándose un paseo por Broadway. Las luces del musical iluminan la carrera del director neoyorquino en su siguiente película: New York, New York. Tras El último vals, la última inmersión de Martin Scorsese en el mundo del documental musical, el director se va al Madison Square Garden a ver un buen combate de boxeo. Toro salvaje es, con toda su dureza, una verdadera obra de arte. Recién recuperado de una grave adicción a las drogas, rueda en blanco y negro la biografía del campeón de pesos pesados Jake LaMotta. Tras disfrutar de una partida de billar con Paul Newman en El color del dinero, termina su paseo dándose una vuelta por el metro, donde rueda el videoclip Bad, de Michael Jackson.
La fe como conflicto
Tras veinte años de sexo, drogas y rock and roll, el director neoyorquino vuelve a sus orígenes y en su siguiente película acude a la Iglesia en busca de Dios con La última tentación de Cristo. Pero el tiro le sale por la culata, ya que la película suscitó mucha polémica provocada por el tratamiento que se le da a la figura de Jesucristo, lo que no impide que Scorsese reciba su segunda nominación al Óscar como Mejor director.
Tras rodar un segmento de Historias de Nueva York junto a Francis Ford Coppola y Woody Allen, Martin regresa a las calles con Uno de los nuestros. Continúa indagando en el ambiente de los bajos fondos en Casino, una cinta que narra el ascenso y caída de un gánster interpretado por De Niro. Antes de rodarla hizo dos películas muy diferentes, el remake de El cabo del miedo y La edad de la inocencia. Tras Kundun, biopic del Dalai Lama, recorre de nuevo su ciudad en una ambulancia en Al límite.
DiCaprio y la puerta del cine comercial
Conocedor de que la violencia es la raíz de muchos de los problemas de Nueva York, Scorsese viaja hasta esa raíz en Gánsters de Nueva York. Reemplaza de manera definitiva a su actor fetiche, Robert De Niro, por otro joven italoamericano también formado en el método y con ganas de arriesgar: Leonardo DiCaprio, con quien Martin establecerá una relación simbiótica, aprovechando el tirón comercial del actor y adentrándose este, a su vez, en un cine apreciado por la crítica de la mano de Scorsese. Esta película obtuvo once nominaciones a los Óscar, anticipando la apertura al cine comercial que empezará a alimentar el trabajo de Martin Scorsese. Así que, simbólicamente, el fracaso que supone no ganar ninguna de las estatuillas demuestra que Scorsese sigue estando en el lado más salvaje de la industria.
Para la siguiente película, El aviador, se fija en otro personaje real: Howard Hughes. Como ya hizo en Toro salvaje o Kundun, la película parte de la idea de DiCaprio de recuperar la figura del cineasta y aviador, tan creativo como desequilibrado, que ganó gran notoriedad en los años cuarenta. Además supone el interés y el deseo de Scorsese por acercarse al cine del Hollywood más clásico, que tanto le marcó cuando era un niño. Logra once nominaciones a los Óscar, ganando estatuillas. De nuevo se le vuelve a escapar el Óscar a Mejor director.
El premio que tardó seis intentos
A pesar de estar ambientada en Boston, con Infiltrados Martin regresa a casa. Sin embargo, todo ha cambiado. Al igual que sucede con su viejo barrio, Little Italy, engullido en la actualidad por el barrio chino de Chinatown, Scorsese tiene que buscar en los barrios bajos de Oriente lo que no encuentra en las calles que le vieron crecer. En este largometraje se recupera al Scorsese de Uno de los nuestros y Casino, pero con un toque menos personal y más comercial, accesible a todo tipo de público. Prueba de ello es que después de seis nominaciones fallidas a los Óscar a Mejor director, por fin logra el premio. Más que merecido. Tras este éxito, nuestro director se siente más inquieto que nunca. Dirige un documental sobre La mujer pantera, en su ansia de rescatar el cine clásico. Además de haber creado en los noventa The Film Foundation, una fundación sin ánimo de lucro que intenta preservar el patrimonio cinematográfico para futuras generaciones.
Documentales, encargos y proyectos aplazados
En 2007 rueda Shine a Light, un documental-concierto sobre los Rolling Stones, y se adentra en el mundo de la publicidad rodando el anuncio de la marca de cava Freixenet, rindiendo homenaje al gran Alfred Hitchcock. Entre sus siguientes proyectos destaca un thriller protagonizado de nuevo por Leonardo DiCaprio, basado en la novela Shutter Island, de Dennis Lehane —sospechosamente similar a Los renglones torcidos de Dios, del español Torcuato Luca de Tena—, y una película sobre Theodore Roosevelt.
En 2010 dirige el capítulo piloto de Boardwalk Empire. Al año siguiente vuelve a dirigir un documental, esta vez sobre la figura del exbeatle George Harrison, titulado George Harrison: Living in the Material World. Narra la vida del músico desde su vida en Liverpool, el fenómeno de la beatlemanía, sus viajes a la India, la influencia de la cultura hindú en su música y su importancia como miembro de The Beatles. En ese mismo año se aventura en el rodaje en 3D de una historia familiar llamada La invención de Hugo, basada en el libro La invención de Hugo Cabret, escrito por Brian Selznick, que narra la historia de un chico que vive solo en una estación de tren de París, en la década de 1930, y el enigmático dueño de una juguetería. Fue universalmente aclamada por la crítica.
En 2013 dirige The Wolf of Wall Street, una película basada en las memorias de Jordan Belfort. El guion fue escrito por Terence Winter y la película está protagonizada una vez más por Leonardo DiCaprio. Después de la filmación de esta cinta, Scorsese se negó a seguir con cualquier película que no fuera Silencio, pues se trataba de un proyecto de hacía veinticinco años. Así vuelve con una cinta basada en la novela homónima de Shūsaku Endō. En ella Scorsese vuelve a tratar el tema de la religión a través de dos sacerdotes jesuitas del siglo XVII que viajan de Portugal al Japón de Edo para localizar a su mentor desaparecido y difundir la fe católica. La historia se sitúa en un tiempo en que era común para los cristianos esconderse de la persecución, después de la represión de los católicos japoneses durante la rebelión de Shimabara (1637-1638).
Los veteranos vuelven
Tras serle otorgado el Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2018, vuelve con The Irishman, basada en el libro I Heard You Paint Houses, de Charles Brandt. El reparto de la película está integrado por actores que en su día fueron fetiche del director: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Bobby Cannavale, Harvey Keitel y Ray Romano, entre otros. A finales de ese año, tanto De Niro como DiCaprio vuelven a unirse con él para el rodaje de Los asesinos de la luna, una adaptación del libro de David Grann, el cual relata los asesinatos en una acaudalada comunidad de indígenas osage en Oklahoma durante los años veinte, después de que se descubriera en su territorio un yacimiento de petróleo. Algunos críticos afirmaron que Los asesinos de la luna se trataba de una «obra maestra»; otros defendían que la película tiene «la idea woke de que los hombres blancos estadounidenses están espiritualmente enfermos» y que Scorsese «se vuelve superficial y sucumbe a la ideología progresista que vende el tan politizado Hollywood». Scorsese obtuvo su décima candidatura al Óscar por esta película.
Uno de los proyectos más esperados del director neoyorquino fue Sinatra, sobre la vida del mítico cantante. Scorsese había estado trabajando en el proyecto desde 2009 y posteriormente se supo que se había escrito el guion y se consideraba a Leonardo DiCaprio como protagonista; incluso se barajó la idea de que Al Pacino o De Niro interpretaran a Dean Martin. El cineasta tenía la intención de contar la historia del mítico cantante como una combinación entre Goodfellas y El aviador. No obstante, abandonó el proyecto después de que la familia del cantante se negara a autorizar la difusión de ciertos aspectos de su vida. «Algunas cosas son muy difíciles para una familia y lo entiendo totalmente. Pero si esperan que lo haga, no pueden ocultar ciertas cosas», afirmó el director.
Mientras promocionaba Los asesinos de la luna, habló sobre su intención de seguir trabajando y afirmó: «Soy viejo. Leo cosas. Veo cosas. Quiero contar historias y no hay más tiempo». Así, en mayo de 2023, después de reunirse con el Papa Francisco, dijo que estaba considerando escribir y dirigir una nueva película sobre Jesús, basada en la novela de Shūsaku Endō. A finales de 2025 se anunció que dirigiría una adaptación de la novela de Peter Cameron What Happens at Nightcomo su próxima película.
Culpa, redención y realidad
¿Qué convierte al neoyorquino en uno de los mejores directores del cine actual? El cine de Martin Scorsese nace de la realidad y vive de ella. Ya sea en películas de ficción o en documentales. Aliándose con la visión del mundo que tiene como uno de sus maestros John Cassavetes. Para ello construye personajes de carne y hueso cargados de conflictos, al estilo de los que pueblan el universo de Clint Eastwood.
Sin embargo, los moradores del mundo de Scorsese viven víctimas del pecado y se debaten entre la culpa y la redención.Cargan con la pesada losa de su propia existencia en un devenir ligado a la tradición católica que tan fuertemente marcó al director neoyorquino, proclamándose católico, apostólico y romano: «No hay salida. Mi camino ha sido, y es, el catolicismo. Después de muchos años de pensar en otras cosas, incursionando aquí y allá, me siento más cómodo como católico. Creo en los principios del catolicismo».
Tal vez como reminiscencia de su infancia, Scorsese muestra en sus películas el mundo como un lugar opresivo que fomenta la incomprensión y que aísla a sus héroes, que en realidad no lo son tanto. Frente a otros cronistas mitificadores de los bajos fondos, como Francis Ford Coppola con El padrino, Scorsese muestra sin pudor la brutalidad poco glamurosa del hampa, mezclando ficción y realidad sin que se logre percibir cuál es cuál.
Una escuela sin género fijo
Su estilo de hacer cine es fruto de la mera observación de la realidad de la calle, que ha influido en toda una generación de jóvenes directores. Scorsese pertenece a toda una generación de cineastas norteamericanos que revolucionaron el cine a partir de los setenta: Brian De Palma, Francis Ford Coppola, George Lucas o Steven Spielberg son parte de este selecto club, pero Scorsese es el que posee mayor número de fieles alumnos: Quentin Tarantino, Paul Thomas Anderson, Abel Ferrara, Spike Lee… La producción que sin duda bebe y remite a Martin Scorsese es Los Soprano: plagada de personajes embrutecidos y a veces con su punto hortera, cercano a los presentados por Scorsese en Uno de los nuestros o Casino.
A pesar de todo, limitar el cine de Scorsese a un solo género sería un error imperdonable. El propio Scorsese reconoce que si como espectador ve todo tipo de películas no entiende por qué siendo director debe limitarse a uno u otro género. Si bien es cierto que en su cine priman los dramas urbanos contemporáneos, Martin ha sido capaz de internarse en la comedia o el musical, pasando por la biografía histórica, sin que le tiemble el pulso, demostrando que su estilo, tan personal y único, se adapta sin problemas a todo tipo de temas.
Los maestros y el método
¿Cuáles son sus influencias? Directores clásicos como Michael Powell, la nouvelle vague, los neorrealistas italianos como Roberto Rossellini —como dato curioso, Martin estuvo casado con la hija de este, Isabella Rossellini; se contaba en ciertos foros de cine, para recalcar la obsesión de Scorsese con los clásicos del neorrealismo italiano, que se enorgullecía al decir que se follaba a Isabella pensando en Rossellini padre—. Scorsese combina lo que aprende de sus maestros con elementos de su propia cosecha para construir una narrativa muy personal. Basando su estilo en el uso de distintos recursos: montaje muy cuidado, el uso narrativo de la música que emplea para situar al espectador, el empleo de la voz en off que nos permite adentrarnos de manera sencilla en el mundo interior de los personajes, el uso de movimientos de cámara elegantes y efectivos y una cuidada dirección de actores con tendencia a la improvisación (método Stanislavski). Con todo ello logra una realización muy cercana al espectador que potencia la verosimilitud de sus historias. Este realismo, aplicado a la violencia en todos los films, da una gran credibilidad que llega a hacer daño. Scorsese no esconde sus orígenes. La violencia que le rodeaba cuando era niño se muestra sin pudor en sus películas. Una violencia desmedida que responde a la ley del más fuerte frente a la concepción lúdica de la misma en La naranja mecánica.
Como Nueva York, Martin Scorsese ha entrado en la madurez rodeado de peligros, luces y sombras emergentes que pretenden eclipsar al original, pero el maestro no se rinde. Y como su ciudad, no se duerme en los laureles y se muestra capaz de reinventarse en cada plano. Su filmografía, tras más de cuarenta años de carrera continua, se muestra amplia, equilibrada y dotada de gran personalidad.
Por su estilo, por ese diálogo de De Niro frente al espejo, por tantos y tantos planos que se han quedado grabados en nuestras retinas, Scorsese es ya parte de la historia del cine y también del corazón de esta humilde columnista, pues a él le debo mi amor por el séptimo arte.


