Felipe VI, Protocanónigo doce años después

El Rey recuerda desde Roma que «esta dignidad que hoy asumo es un compromiso de lealtad y custodia de los reyes hacia esta Basílica»

|

Desde unas horas antes el tráfico de la Piazza di Santa Maria Maggiore parecía cortado. Lo mismo ha pasado a primera hora de la mañana en la Via della Conciliazione: Roma ha vivido esta mañana una nueva visita de Estado. Apenas diez meses después de la elección de León XIV como pontífice, los Reyes de España han viajado hasta la ciudad eterna para encontrarse con el primer papa norteamericano. Y de paso, para tomar posesión como Protocanónigo de la Basílica Papal de Santa María la Mayor. Saldar, en fin, una deuda pendiente.

Media hora antes de la marcada en el bolletino —la puntualidad vaticana es cosa aparte—, comenzaban a entrar diversas autoridades de la Iglesia y otros tantos mandatarios civiles. Canónigos emperifollados, algún que otro mandamás de la Guardia Civil y cuerpo diplomático se entremezclaban bajo los portones de la basílica para tomar asiento. Y así se han sucedido obispos, algún que otro cardenal —el silencio se ha hecho con la llegada de monseñor Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede— y los máximos representantes de España: el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, y la Embajadora de España ante la Santa Sede, Isabel Celaá. Los Reyes parecían dos monaguillos piadosos a su lado, claro.

La capilla musical de esta basílica mariana entonaba entonces el Ave Maria, gratia plena. Así, bajito, para que todos hagan silencio, al tiempo que Felipe y Leticia, él de traje y ella de un blanco privilegiado, atravesaban la nave central de Santa María la Mayor. Encima de ellos y de nosotros —nada más democrático que un templo cristiano—, los aproximadamente 20 kilos de oro que Cristóbal Colón trajo de las Américas para los Reyes Católicos y que estos, a su vez, regalaron a la Santa Sede (o más bien a Alejandro VI, de la casa de Borja, y nacido en Játiva).

Sentados cada uno en su sitio y tras el saludo inicial, todos los presentes hemos escuchado una lectura del libro de la Sabiduría. «Manda tu sabiduría de tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala, para que me asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato. Ella me guiará prudentemente en mis obras». Todos mirábamos de reojo al Rey Felipe VI, sentado a la derecha del baldaquino. No en vano, le ha sido grato tomar posesión de esta dignidad eclesial tras doce años en el trono. Un año, dos meses y diecinueve días tardó en hacerlo Juan Carlos I. Pero las comparaciones son siempre dolorosas.

Entonces ha tomado la palabra el cardenal-arcipreste de la basílica, Rolandas Makrickas: «Este acto renueva el vínculo singular que una la corona española con este templo, el más antiguo de Occidente dedicado a María, madre de Dios». El cardenal lituano, entonces, en un discurso que apenas a alcanzado los cinco minutos, se ha remontado a la historia de este privilegio. Fue con Felipe III, y Felipe IV cuando se oficializó «el privilegio otorgado a la corona de España por Inocencio X». Desde entonces, España y la Santa Sede han mantenido «una sintonía histórica». Habría que verlo.

Monseñor Makrickas, que sabe lo que hace, ha culminado sus palabras —el libretto de la ceremonia decía saluto— con una defensa de la tradición: «La tradición auténtica no es inmovilismo, sino transmisión viva de un don que atraviesa el tiempo y que se renueva en cada generación». De ahí, ha abundado, que «la alta misión del Rey de España haya sido siempre acompañada de la oración de la Iglesia». Y con especial predilección, a las plegarias que se elevan desde Santa María la Mayor: a esta basílica está encomendada «la súplica perseverante por la nación española y por quien la sirve como jefe de Estado». Y el arcipreste ha querido rematar: «Que Dios todopoderoso bendiga siempre a la nación española».

Con el talante que le caracteriza —esa media sonrisa prudente, esa ceja algo arqueada—, Felipe VI ha comenzado su discorso agradeciendo tal «honor». «Esta dignidad que hoy asumo es un compromiso de lealtad y custodia de los reyes de España hacia esta Basílica». En una breve intervención, ha recordado que «tenemos la alegría y el honor de recibir a León XIV próximamente en España, en el mes de junio». Y no sabemos si inspirado por su visita al Santo Padre o por la imponente belleza de la basílica mariana, el Rey entonces ha dado una nota teológica a su discurso: «Mantengamos la esperanza, por encima de la realidad que nos asalta cada día, de que todos sepamos ser para los demás un pequeño faro de concordia, generosidad y entrega a la causa del bien común».

Tras el intercambio de agradecimientos protocolarios, se ha leído la bula Hispaniarum fidelitas, de Pío XII —«La Sede Apostólica manifiesta que le agrada y satisface que tan noble nación católica confirme los vínculos de piedad que le unen con el mayor templo dedicado a la Santísima Virgen en el mismo centro del orbe católico»—  y ha tomado posesión como Protocanónigo, sentándose, ahora sí, junto al resto de la canónigos de la basílica. Entonces se han sucedido los aplausos y las sonrisas. Agradecidas de unos, nerviosas de otros, hemos de suponer.

Para terminar la ceremonia, los invitados han cantado el Pater Noster y, tras la bendición, los Reyes han entrado a la famosa Capilla Paulina de Santa María la Mayor para venerar la imagen de la Virgen de las Nieves —Salus populi romani—. Mientras tanto, la capilla musical ha entonado un par de cánticos marianos: Tota pulchra según se movían por el templo y, durante el breve momento de silencio frente a la tumba del papa Francisco, remataban con el Ave, Regina caelorum. Felipe VI se ha fundido en un saludo con Pietro Parolin, con quien también se ha reunido esta mañana en el Vaticano y, especialmente, con monseñor Luis Marín de San Martín. No es casualidad. Su rostro sonriente ha sido protagonista de la información religiosa, puesto que hace unos días León XIV nombró a este obispo español, agustino, nuevo Limosnero de Su Santidad. Hasta un par de minutos ha durado su conversación.

Así se ha dado cumplimiento a la deuda que Felipe VI venía arrastrando. Santa María la Mayor tiene su nuevo Protocanónigo, que salía sonriente estrechando la mano de todos los presentes. Saludos, abrazos y muecas que han concluido con la triple entonación del «¡Viva España!» por parte de don José Jaime Brosel Gavilá, canónigo español del templo y maestro de la ceremonia. Todo ello, con la alegría castellana de haberlo hecho al fin, pero también con la vergüenza española de haber llegado tan tarde.