Hay personas que pasan toda una vida buscando su propósito. Otras tienen la suerte de encontrarlo temprano. Y luego está Liam Gallagher (Burnage, Mánchester, 1972), que parece haber nacido sabiendo exactamente quién quería ser: una estrella del rock.
De ahí que, en la entrevista que concedió a Les Inrockuptibles en 2017, se lamentase al preguntarse: «¿De qué sirve ser el mejor cantante de rock’n’roll del mundo si no cantas?». Y es que, por primera vez en veinte años, Liam ya no era el líder de ninguna banda.
Había alcanzado el estrellato a principios de los 90 como cantante de Oasis, el grupo que formó junto con su hermano Noel y que es, indiscutiblemente, uno de los más importantes la historia del rock británico.
Sus detractores le reprochan que su talento musical se limita, de cuando en cuando, a agitar una pandereta o una maraca. Sin embargo, lo cierto es que su voz nasal, su forma desafiante de cantar y su característica postura sobre el escenario —las manos a la espalda e inclinado hacia el micrófono— conforman una imagen inconfundible e icónica que fue una de las claves del éxito de Oasis.
En agosto de 2009, minutos antes de actuar en el festival Rock en Seine, en las afueras de París, los Gallagher tuvieron una violenta pelea en la que Liam lanzó contra su hermano una de sus guitarras favoritas. La trifulca motivó que se cancelase el concierto y fue la razón que Noel adujo para abandonar el grupo.
Pero Liam no podía quedarse sin cantar. Así que, junto al resto de miembros de Oasis (entre los que no quedaba ninguno de los originales, salvo él mismo) decidió continuar bajo el nombre de Beady Eye. Sin Noel al frente de la composición, el nuevo grupo nunca alcanzó el éxito de su predecesor. Publicó dos álbumes que pasaron prácticamente desapercibidos, y actuó, principalmente, en salas. Cuando pisó estadios, fue como telonero o en festivales. Cinco años después, Beady Eye se disolvió.
Sin banda ni contrato discográfico, Liam «había aterrizado en la realidad y la realidad no era tan buena», como él mismo cuenta en el documental As It Was (2019). Estaba deprimido y aburrido y bebía demasiado, aún más de lo habitual. Lidiaba, además, con su complicado divorcio de Nicole Appleton, que lo había dejado en una situación económica delicadísima.
Cuenta que, para sobreponerse financieramente, trató de contactar con Noel y proponerle recuperar Oasis, pero su hermano jamás le respondió. Ante ese silencio, su único proyecto a corto plazo consistía en irse a vivir a Mallorca como un guiri más. Pero, tras viajar a la isla con Paul (su otro hermano) y Bonehead (miembro fundador de Oasis), asumió que nunca sería feliz sin cantar.
El citado documental cuenta cómo Liam consiguió volver a triunfar en la música, esta vez en solitario. Relata cómo, poco a poco, fue capaz de componer alguna canción. «No soy un compositor, llegué a este mundo como cantante, pero sí que escribo alguna que otra canción… bueno, soy un compositor que no tiene muchas canciones», bromea.
Entre pinta y pinta de Guinness, se animó a cantar uno de esos temas en un pub de la localidad irlandesa de Charlestown, acompañándose de una guitarra —resulta extraño verle tocarla—. La canción era Bold, que acabó incluyendo en su primer disco y que trata precisamente de la valentía de ser uno mismo y no dejarse influir por las expectativas ajenas. Un parroquiano grabó la actuación con su teléfono móvil y el vídeo terminó circulando por internet, despertando una enorme expectación.
Fue entonces cuando decidió hacer un disco y, para ello, comenzó a trabajar en su repertorio. Colaboró con varios autores y productores para dar forma a las canciones, a las que él mismo aportó melodías, ideas y letras. Mientras grababa su álbum, ofreció varias actuaciones, que recibieron una respuesta entusiasta del público y que le llevaron a afirmar que «la gente está de mi lado otra vez». Su concierto en el multitudinario festival de Glastonbury terminó por devolverle la confianza en sí mismo como artista.
El documental apenas se ocupa de un aspecto que, sin duda, ha sido trascendental para que Liam haya vuelto al estrellato: la recuperación de su voz. Sus excesos y, según asegura, los síntomas de la enfermedad de Hashimoto la deterioraron paulatinamente. Tocó fondo en la Ceremonia de Clausura de los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012, en la que, junto a Beady Eye, cantó Wonderwall con un tono tan nasal y grave y como si lo estuvieran estrangulando que motivó que algunos críticos comenzaran a apodarlo Kermit the Frog. Gracias a los baños de vapor y, aunque As It Was no lo mencione, educación vocal y una vida más saludable ha recuperado su voz potente y consistente.
Su primer disco en solitario, As you were, salió en octubre de 2017 y debutó en el número 1 en el Reino Unido. Desde entonces, ha publicado otros tres álbumes de estudio (el último en colaboración con John Squire, guitarrista de The Stone Roses) que también han alcanzado lo más alto en las listas de ventas y ha realizado giras de conciertos con enorme éxito.
El regreso de Liam Gallagher es fascinante porque demuestra que es posible tener una segunda oportunidad siendo uno mismo. Recuperó el éxito sin renunciar a la personalidad que siempre lo convirtió en una estrella del rock. Y nos recuerda que, a veces, no hace falta dejar de ser un cafre para volver a encontrar el lugar al que uno pertenece.



