Un año sin luz

Ha pasado un año desde que España se quedó a oscuras y todavía no se ha encendido la luz de la responsabilidad. El apagón del 28 de abril de 2025 tuvo dimensión ibérica, pero su origen técnico y político estuvo en España. Durante casi dieciséis horas, semáforos, trenes, comunicaciones, comercios y gasolineras mostraron hasta qué punto una sociedad moderna depende de una red que se suponía robusta y resultó frágil.

Desde entonces han sobrado informes, comparecencias, procedimientos y explicaciones técnicas. Lo que falta es una conclusión política clara. El Gobierno, Red Eléctrica y las compañías se reparten reproches mientras nadie asume plenamente el coste de una crisis inédita en Europa en dos décadas.

El apagón no desacredita por sí solo las renovables, pero sí la improvisación: una transición energética sin redes suficientes, sin control adecuado y sin rendición de cuentas. La oscuridad duró horas; las excusas, de momento, un año.