Miseria y grandeza de Gregorio Morán

Ha muerto el autor de la titánica 'Miseria y grandeza del Partido Comunista de España (1939-1985)', obra clave para entender la España de Franco en el contexto de la Guerra Fría

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El 23 de febrero de 2026 moría Gregorio Morán (1947-2026). Con su muerte desaparece una rara avis dentro del panorama español, el cronista que narra su tiempo a través de personajes representativos. Su resentimiento por no hacer carrera en el Partido Comunista fue el motor que propulsó su vocación de escritor, oportunista en el mejor sentido de la palabra. Morán llevaba a gala una acidez que a menudo rozaba la maledicencia y en ocasiones se asomaba al precipicio de la difamación, lo que lo acreditó como persona difícil. Era una fama buscada, que procedía en buena medida de su afán por cobrarse trofeos. En sus mejores tiempos fue un francotirador selectivo, que fijaba el objetivo en personajes en la cumbre de su poder o prestigio. Sus análisis, hechos desde su trinchera, son lúcidos e inteligentes, desmitificadores de los héroes creados por la historia oficial e inusuales en la generación de la transición. Ocupó cómodamente ese selecto nicho en La Vanguardia, hasta que su voz crítica y rutinaria tropezó con el cenit del nacionalismo catalán en 2017.

Su primer libro, Adolfo Suárez: historia de una ambición (1979), fue escrito en el apogeo del político abulense, cuando Morán era un joven periodista buscavidas que quería reciclarse tras abandonar el PCE. Su fortuna fue favorecida por el desprestigio en el que cayó Suárez simultáneamente a la publicación de esta demoledora biografía. El rotundo éxito comercial que siguió fue decisivo para que se hiciera con el nombre y los recursos necesarios para emprender sus siguientes proyectos, lo que no habría sucedido sin tan feliz circunstancia.

Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985 (1986) es su obra cumbre. Escrita como un ajuste de cuentas con sus antiguos compañeros del PCE, crea una distinción clara entre el partido en el exilio, absorto en sus luchas de poder en Moscú, y el partido del interior. El lector queda fascinado por los agentes de Stalin en España, personajes de novela sin más vida que su misión: imponer la dictadura del proletariado. Entre ellos retrata de manera inolvidable a figuras enigmáticas como Heriberto Quiñones, nombre de guerra de un agente de la Internacional Comunista probablemente alemán fusilado en Madrid en 1942. Morán es implacable con la corte de Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, que acostumbraban a acusar de colaboracionismo a quienes trataban de reconstruir la estructura del partido en España. Es esta desconexión del aparato del PCE con la realidad lo que llevaría a su espejismo de apogeo e inmediata caída en la irrelevancia a la muerte de Franco.

El estimable El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo (1998) es su último libro significativo. Escrito en los años en los que Aznar citaba a Azaña, el momento álgido de la resignificación ideológica de la derecha española, se debate entre la evidente admiración hacia el filósofo y su papel timorato en los años de la posguerra. Gregorio Morán retrata con acidez cómo el intelectual español por antonomasia, que tenía una opinión para todo, dedicó sus últimos veinte años de vida al silencio. Para el autor esta actitud cobarde, al negarse a dar vigor intelectual a su nación en un momento crucial de su historia, define al filósofo independientemente de ideologías, a derecha e izquierda.

Como francotirador que era, su mensaje perdía fuerza cuando trataba de sostener varias líneas de ataque al mismo tiempo. Por ejemplo, la fallida Los españoles que dejaron de serlo: Euskadi, 1937-1981 (1982) trata de apuntar simultáneamente a Neguri, al PNV y a ETA con resultados desafortunados, deudores de la fascinación de ciertos elementos izquierdistas con el terrorismo vasco, que trató de corregir en una segunda edición.

En sus últimos años hubo cierto retorno a la prominencia de Morán, alentado en un primer momento desde grupos vinculados a Podemos. A partir de 2017, con la agudización de la crisis catalana y su despido de La Vanguardia se separaron sus caminos. Antes había aprovechado este empuje para publicar la facilona El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los letrados (2014), crónica del mundo cultural en el tardofranquismo y la transición centrada en la figura insignificante y olvidada de Jesús Aguirre, duque consorte de Alba. El libro evidenció que ya no mantenía su talento para escoger presas y fue sintomático de su agotamiento intelectual. Aunque seguía siendo una figura incómoda, lo era más por su talento innato para la maledicencia que por lo que quedaba de su capacidad de análisis.

Gregorio Morán mantendrá su relevancia como cronista del franquismo y la transición. Además de sus méritos ya citados, sus libros tienen el valor casi periodístico que les daba hablar de su contemporaneidad. Publicó versiones corregidas y aumentadas de los más populares, de menor valor que los originales. En la revisión perdían el filo y la agilidad periodística y se volvían reiterativos. A pesar de su fama de enemigo de todos, conviene también relativizar su posición dentro del ecosistema político y cultural español. Uno de sus hijos está casado con una descendiente de José Calvo Sotelo.