11M

El 11 de marzo de 2004 no sólo fueron asesinadas a 192 personas en Madrid. Se cambió el devenir histórico de España. Aquella masacre devino en una nación fracturada. La izquierda y los nacionalismos, teledirigidos desde los centros de poder globalistas, aprovecharon el impacto para imponer un proyecto de reconfiguración del poder: retirada inmediata de las tropas de Irak, acercamiento a Marruecos y oxígeno a ETA cuando estaba al borde de su fin.

La política española se volcó hacia un terreno de confrontación constante. La derecha, a la postre manejada por los mismos amos, optó por hacer como que preservaba quién sabe qué, sin reaccionar eficazmente ante la erosión del Estado y la unidad nacional. Leyes de memoria histórica, concesiones al nacionalismo catalán y reformas que tensaron la cohesión territorial consolidaron un descarrilamiento que persiste hoy.

Veintidos años después, las dudas sobre los autores del atentado y las decisiones políticas posteriores siguen abiertas. El 11M fue, mucho más que un atentado terrorista, el detonante de la transformación profunda de España. Desde el 11M todo es 11M. La pregunta, quizá inocente, es si el cambio de régimen nos dio la estocada definitiva o encontraremos un rumbo que nos salve de la destrucción última.