‘We the Hispanos’: el despertar de un sueño

El documental ha aparecido recientemente en nuestras carteleras para sacudir estos engañosos e históricamente inciertos cimientos

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El relato histórico de los Estados Unidos suele presentarse bajo un prisma exclusiva o favorablemente anglosajón, reduciendo la herencia hispana a una mera nota a pie de página o a un fenómeno migratorio reciente. Nada más lejos de la realidad de aquellos hechos pretéritos y las consecuencias y resultados en el presente siglos después.

Sin embargo, el documental We the Hispanos ha aparecido recientemente en nuestra cartelera para sacudir estos engañosos e históricamente inciertos cimientos, proponiendo una necesaria y vibrante revisión del preponderante e innegable papel de España en América. A buen entendedor, pocas palabras.

El documental no es un simple ejercicio de nostalgia, sino un acto de reivindicación histórica que, con la justicia e incontestable verdad de unos hechos, sitúa a la cultura hispana en el corazón mismo de la fundación del Nuevo Mundo, relegando a un segundo plano a los adictos, externos e internos, –que también los hay por la Península Ibérica– a la Leyenda Negra vertida sobre España y, lo peor, atacando la ausencia de rigor y academicismo como, desde el otro lado del Atlántico, denuncian contrastadas voces de diversos campos y puntos geográficos. En otras palabras, salvo el protagonismo patrio de la sublime Elvira Roca Barea, no hay indicios del tufillo nacional en los testimonios aportados que una producción de este tipo podría desprender. No en vano, no es la primera tentativa de José Luis López-Linares, el director, en estas lides reivindicativas de la Historia de España. De casta le viene al galgo con esta tercera entrega de la trilogía de la Hispanidad iniciada con España, la primera globalización (2021) y, años después, continuada con Hispanoamérica, canto de vida y esperanza (2024).

Desde los primeros compases de la cinta, el documental establece una clara premisa: Estados Unidos no puede ni debe entenderse sin España. We the Hispanos nos recuerda que, mucho antes de que peregrinos y colonos británicos llegaran a New Cod en el Mayflower tras 66 días de travesía desde Plymouth en el sur de Inglaterra hasta Cape Cod en la costa este americana, las expediciones españolas ya habían trazado rutas, fundado ciudades y, además, establecido un marco jurídico y social que –coast to coast– abarcaba desde Florida hasta California. Como hablamos de noviembre del año 1620 en el momento de aquel desembarco, ni que decir tiene que, décadas y décadas atrás, la navegación de nuestros compatriotas, si cabe, había sido mucho más compleja y aventurera.

El peso de España en la historia no se limita a la mera conquista territorial. Uno de los aspectos que el documental subraya es la creación y desarrollo de una cultura mestiza, una síntesis de tradiciones, fe y lengua que hoy define a más de 60 millones de ciudadanos en los Estados Unidos. Y por si esto fuera poco, el poder de la religión cristiana en el establecimiento y consolidación de vínculos con la población autóctona.

En el tema visual, la cámara recorre misiones, archivos, arte y paisajes que hablan de una herencia viva, desmontando la Leyenda Negra y sustituyéndola por una narrativa de construcción, compromiso y permanencia en la que destacan algunos gigantes olvidados o menospreciados por la envidia y el cainismo: Fray Junípero de Serra o Bernardo de Gálvez, por ejemplo, realizaron una faraónica labor en pos de lograr objetivos tales como la evangelización de la Costa Oeste por parte del primero o, por otro lado, la enorme e innegable contribución a la independencia americana con el apoyo logístico y militar –además del valor hispano en combate– del militar malagueño a George Washington y su ejército en la Batalla de Pensacola. El negar estos hechos no ha sido más que un ejercicio de superlativa cobardía de los enemigos de la nación española.

We the Hispanos es más que una película; es una herramienta esencial de pedagogía histórica. Al subrayar el peso de España en la construcción de América, el documental nos invita a mirar el mapa del continente con otros ojos y sin la habitual y sesgada miopía. Nos enseña que el español no es un idioma extranjero en los Estados Unidos, sino la lengua de sus fundadores espirituales y estratégicos. Es la base, es fundacional, santo y seña, origen y raíz que, contra viento y marea, mantiene y amplía su vigor por una cuestión de arraigo.

Es, también, una invitación a celebrar a figuras como a los ya citados Fray Junípero de Serra y Bernardo de Gálvez o a Juan de Oñate y Álvar Núñez Cabeza de Vaca no como estatuas de piedra, sino como los sobrios pilares de una herencia que sigue vibrando en cada rincón del continente americano.

Una pieza imprescindible para entender que las páginas de la historia de América se han escrito con infinidad de renglones en español que no precisan traducción, sino interés en su difusión, comprensión de una verdad histórica y, sobre todo, valentía para rebelarse y negar hechos no ajustados a la realidad de un gran país y su sempiterno sueño.