The Wild Bunch (I): el año más largo, América en 1969

El último disparo del Viejo Oeste o cómo una película rodada en México destruyó el mito americano del 'cowboy'

|

Para entender The Wild Bunch hay que entender el verano de 1969. Ese año, la sociedad americana se consumía en su propia contradicción. El presidente Nixon había prometido una «paz con honor» en Vietnam que no llegaba, mientras los cuerpos de 57.000 soldados ya habían vuelto en bolsas negras. Cada noche, los noticiarios televisivos mostraban en directo las imágenes de la guerra en los salones de las familias puritanas de Norteamérica. La violencia había entrado en el hogar doméstico como nunca antes.

El 18 de junio de 1969, en los cines de Nueva York y Los Ángeles, estallaron 90.000 cartuchos y balas, 90.000 litros de sangre falsa y más de 68.000 metros de película. El Viejo Oeste moría en pantalla. Y con él, una mentira de ciento cincuenta años.

Tres meses después del estreno de la película, el festival de Woodstock congregaría a 400.000 jóvenes que, con flores en el pelo y sombreros de ala ancha, declaraban que el Viejo Oeste del que hablaban sus abuelos era otra cosa muy distinta a la que Hollywood había vendido durante décadas.

Aquel mismo año, Martin Luther King y Robert Kennedy llevaban un año muertos. Los disturbios raciales habían sacudido docenas de ciudades. Easy Rider, Midnight Cowboy y The Wild Bunch irrumpieron ese año en las salas como tres puñetazos consecutivos contra el cine convencional. Era el año, según Quentin Tarantino —que tenía siete años entonces y vivía en Los Ángeles— que «le formó» como cinéfilo y como persona.

El Código Hays, aquella mordaza moral que durante décadas había impedido mostrar en pantalla la violencia real, los claroscuros éticos o la sexualidad, había sido abolido en 1967. Por primera vez, Hollywood podía hacer películas adultas de verdad. Sam Peckinpah fue el primero en aprovechar esa grieta hasta convertirla en un cañón.