Genocidio a cámara lenta

Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en provincias como Barcelona, Gerona, Lérida, Madrid o Baleares, cerca de la mitad de los residentes entre 30 y 34 años ha nacido fuera de España. En Barcelona ya son mayoría: 50,6%. Se trata de una transformación y sin precedentes de la estructura social de España, un borrado acelerado de su identidad. Un genocidio perpetrado no por medio del exterminio directo, sino de la disolución de la población.

El fenómeno se concentra, además, en las edades laborales clave: un 42% de los nacidos en el extranjero tiene entre 30 y 49 años. Es decir, el corazón productivo de la nación está siendo sustituido a una velocidad vertiginosa, mientras cuatro millones de españoles siguen en paro y el acceso a la vivienda o a la sanidad pública se vuelve cada vez más asfixiante. Imposible para la mayoría. La integración es imposible. Sin medidas extraordinariamente drásticas, el ritmo de llegada de extranjeros descarta cualquier prosperidad de la identidad y la continuidad histórica de España.

Alumno aventajado de sus amos globalistas, el Gobierno de Pedro Sánchez acelera con «regularización» masiva de 500.000 inmigrantes ilegales, apoyada hasta antes de ayer por el PP. Esto no va de partidos ni de bipartidismos: España es una sucursal gobernada desde fuera de España.

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