He aquí una novela que es varias novelas a la vez. En Hemingway 1937, una suerte de continuación de Der Sandmann 1936, su autor Aquilino Cayuela vuelve a situar la acción en una Valencia convertida esta vez en capital provisional de la II República Española. Ello da pie a que por sus páginas desfilen algunos de los personajes históricos más relevantes de la contienda, no sólo políticos, sino también figuras de mundo de la intelectualidad y la cultura, justo en unas fechas en las que la capital del Turia acogía el célebre Congreso de Escritores Antifascistas.
De ese modo, el autor aprovecha para recrear novelescamente unas circunstancias históricas que serían decisivas para el futuro de nuestro país. A lo largo de las páginas del libro, entreverado con la trama que hace avanzar la acción, se describe con colores vivos y constante atención al detalle la atmósfera de ebullición política y de inflamación ideológica en que vivía inmersa la ciudad. A este respecto, cabe señalar que el autor ha tenido sumo cuidado en documentarse de manera exhaustiva, de modo que cuando el lector asoma a la vertiente histórica de la obra la experimenta como uno de sus atractivos indudables.
Merece especial atención por parte de Cayuela la descripción del ambiente de terror que, bajo el patrocinio y la supervisión del comisariado soviético enviado a España por Stalin, instauró el Partido Comunista de España en su afán por aniquilar al grueso de la militancia anarquista, a la que percibía como una amenaza a su pretensión de implantar una república de corte leninista. A la vez, hay algo también en estas páginas de crónica bélica, en la medida en que se recogen los ecos del fragor de las batallas que se estaban librando en aquellos momentos a lo largo y ancho de la martirizada geografía española. Precisamente, la presencia de Hemingway —que da título al libro— se justifica en su calidad de corresponsal de guerra cuya vida, rodeada ya por entonces de un aura carismática, se entrecruza con la de algunos de los personajes principales de la historia.
Por otra parte, cabe asimismo mencionar que el autor recurre de manera magistral a algunas de las técnicas propias del folletín al objeto de captar el interés de los lectores alrededor de los sucesos que componen la médula espinal de la novela. Se trata de una serie de crímenes cometidos en unas circunstancias particularmente tétricas y a cuya resolución se aplican los dos personajes principales de la obra, el inspector Telesforo Gantín y su joven protegido Luis Mellado. Ambos perfiles se hallan trazados con sobrada destreza psicológica y, en el caso concreto de Mellado, su peripecia personal sirve para abrir la historia a dos nuevos géneros, la novela de iniciación y ese otro género tan español que es la picaresca.
El conjunto arroja un saldo sorprendente. Hemingway 1937 es una novela que se lee con fruición y se disfruta en cada página. Su prosa es ágil, lo que hace que la trama fluya a buen ritmo hacia un desenlace trepidante. Cayuela juega con el suspense a la vez que nos invita a emprender un paseo por uno de los escenarios más convulsos de nuestra historia reciente, con unos personajes cuyas vidas se sostienen en una tensión permanente entre el bien y el mal, entre la atracción y la repulsa que provoca la contemplación de los abismos y la posibilidad siempre abierta de escoger el camino de la redención.


