El paradigma newtoniano de la causalidad da por sentado un misterioso proceso llamado “causalidad”. Visto en detalle, se comprende que es una secuencia de eventos. Creados a partir de una elección arbitraria de un “comienzo” y un “final” en el tiempo y en el espacio. Un favoritismo. La causalidad no es más que un concepto abstracto, útil para la vida cotidiana, pero que, como todas las abstracciones, carece de realidad intrínseca. Sólo podemos ver apariencias, y lo que llamamos “causa”, se podría decir que son prerrequisitos o condiciones necesarias. Pero no “causa”.

Por ejemplo, “¿por qué sube el precio del petróleo?”. “Aumenta la demanda” es la respuesta que se da. Lo cual sólo tiene valor heurístico. Es una tautología, pues lo definido está evidentemente contenido en la definición. Que “aumente la demanda” no “causa” mágicamente la subida del precio del petróleo, sino que es una condición necesaria más en el proceso de subida del precio.

Cada aparente “evento” proviene de una seleccionada observación que divide el todo arbitrariamente. La pregunta “¿por qué?” es una partición hipotética del todo. Y una pregunta retórica sólo puede tener una contestación retórica.

Si el concepto de causa es tan engañoso, ¿de qué otra manera se pueden explicar los fenómenos?

La “causa” de todo es siempre la misma: la totalidad de todo lo que existe ahora o ha existido a lo largo de la historia. Se puede encontrar una fuente explicativa en el contexto, pero no un factor específico al que se le pueda atribuir el poder de “causa”. La causa de cualquier cosa es siempre un complejo contextual del que emanan los procesos observados. La linealidad de lo que se percibe como A→B→C es la expresión del contexto ABC (fuente, campo, arquetipo, atractor, universo).

Contexto significa condiciones imperantes que se desarrollan constantemente. Lo que era legal, aceptable y ético antes, no lo es hoy. Lo que hoy consideramos “normal” volverá a ser desacreditado, ridiculizado y considerado aborrecible dentro de un siglo o dos. Por lo tanto, el contexto incluye toda la vida y la civilización, y se expande hasta el infinito, tanto en el número de “causas” como en el tiempo y en el en espacio, incluyendo a todo el universo.

Aplicación a los mercados financieros

Esto es relevante para los mercados financieros tanto en cuanto que el precio de un activo es una expresión del contexto, no es “causado” por nada, sino por una infinitud de condiciones. Todo está interconectado en el mundo de los precios, de modo que el menor cambio en un elemento se transmite a lo largo de la cadena a millones de otros precios. Así, todos los precios de todos los productos, monedas, servicios, bienes, salarios o commodities… reflejan un mosaico armonioso en el que todo está de acuerdo con todo lo demás.

Esta comprensión permite al trader librarse de posicionamientos o búsquedas de “causas” que interfieran en su percepción y en la esencia de su trabajo. Para ellos, ningún precio es “caro” ni ningún activo está “sobrevendido”. Cada precio es lo que es, sin adjetivos. Esa falta de opinión no es ingenuidad, le permite al trader ver lo que es real, fluir sin obstáculos con la tendencia y centrarse en la esencia del trading: el riesgo.

Los traders exitosos comparten un rasgo común: la entrega. Requiere un salto de conciencia, consecuencia del reconocimiento humilde de que la mente humana es incapaz de reconocer la causa de algo, apreciar que nada surge únicamente por sí mismo sino solo dentro del campo del infinito contexto y que la causalidad sólo es un producto del pensamiento sin existencia en la naturaleza. Lo que parece ser un cambio es el potencial de la esencia manifestándose cuando las condiciones se cumplen, sólo reconocible subjetivamente. La mayor dificultad en el trading viene dada por una limitación epistemológica de base.