Soy vieja y la ira de los dioses no me inquieta demasiado. No tengo esposo ni hijo ni un amigo siquiera a quien puedan hacer daño.

Y la verdad es que poco me importa.

Que quede claro que fui yo la que me largué.

Obstruían mis prioridades. Que les den. Me estorban. Tengo mis objetivos.

Necesitaba pensar en mí, joder. Mi coach me lo advirtió durante mucho tiempo: «Piensa en ti. Persigue tus sueños. Que nada se interponga en tus deseos, mujer. Sólo se vive una vez».

Aire. Es lo que necesitaba desde hacía mucho tiempo.

La vida es muy corta.

Los cincuenta son los nuevos cuarenta. O los nuevos treinta.

No necesito a nadie. Ni falta que me hace.

Tengo que cambiar el outfit del gym. Pero ya.

Hoy tengo Personal Trainer y si vuelvo a agacharme delante él como el otro día, no duermo sola. Pechuga prieta.

Dos sesiones más y lo tengo en el bote una temporada.

Está de toma pan y moja. Muero.

Si consiguiera llevarlo la semana que viene a la fiesta de los Recaredo, a más de una se le va a hacer el culito Pepsi Cola.

A mí la fiesta me da por el saco, pero estar hay que estar.

Si no está una luciendo palmito, otra estará.

Hay que sacar partido a los pinchazos que me dan. Mi dinerito me cuestan y la competencia cada vez está más preparada.

Y si no sale lo del maromo del gym y voy sola, me arrimo a los talluditos. Alguno da un poco de repelús, pero también exigen menos.

Una no está para hacerle ascos a según qué cosas.

¿Por qué mi madre es tan coñazo?

Me ha vuelto a llamar para que la acompañe al médico.

Seguro que no tiene nada grave. Y si lo tiene yo no se lo voy a curar. Así que en paz.

No quiero que le pase nada, pero no se da cuenta de que no paro en todo el día y no tengo tiempo para hospitales. Además, sabe de sobra la bajonaque me dan esos sitios.

Son una vulgaridad, por Dios.

Si quiere que me sienta culpable, no lo va a conseguir.

¿No le ayudo a pagar la interna? Pues que no me raye más, que para eso está la panchita.

Ya la saqué a comer el día de la madre y acabé de ella hasta el higo con sus movidas.

Siempre contando las mismas historias.

Se me ha hecho bola en el estómago lo de Marta y no sé cómo superarlo.

A mí no me vuelve a dejar mal delante de nadie, y menos por lo de Byron.

Que parece que le ha sentado mal que no me despegue de él últimamente.

Pues mira, hija mía. A mí me hace mucha compañía y me da más amor del que te da a ti el cerdo de tu marido (que por cierto, me come con la mirada cada vez que me arrimo).

Si te parece una vulgaridad que aparezca con él a comer al club, te buscas a otra que te aguante.

Que bastante tengo con soportarte cuando se te va la mano con los gintonics un día sí y otro también.

Yo a mi pequeñín le quiero más que a mis hijos y apenas ladra.

En quince días vuelvo a tener hora con el psicólogo.

Paso de ir a los talleres. No sirven para nada y además a mí eso de ir contando mi vida delante de desconocidos, no me va.

Y lo de escribir cada día en el Diario de Gratitud me parece un coñazo. Supongo que ya se habrá dado cuenta de que no aguanté ni dos semanas escribiendo.

Yo no necesito conocerme. Paso. Lo que quiero es que alguien me quite la ansiedad.

Esta vez ya pienso decirle que bastante tengo con mi vida como para andar pensando en mejorar la de los demás. Lo que faltaba. ¿Cómo se atreve?

Creo voy a buscarme a otro.

Además, desde que se ha dejado perilla, me da asquete cuando le miro.

Si no me conmuevo con nada es mi puto problema.

¿Te pago? Te callas.

El día que me dé un parraque, se va a enterar.

Estoy agotada y estos tacones me matan.

El brunch de esta mañana de dejó muerta y encima había una chica con un bebé que me estaba poniendo del hígado.

Que vuelva Herodes. Yo no sé cómo hay chusma sin nanny.

Estoy un poco mareada. Too much aperol spritz. Creo que voy a ir para casa.

No. Mierda.Los vecinos de debajo. Me dan asco.

¿Cuánto tiempo llevarán casados? ¿Siete siglos?

¿No piensan despegarse el uno del otro nunca? Vaya plan. Qué sopor de vida. Poteo.

Voy a ir más despacio para no cruzármelos. No soporto verles de la mano.

Qué puto frío. La casa está helada.

Baño, Glovo y Netflix, ¿no?

Coño, una llamada perdida de mi hermana. ¿Justo ahora?

A saber qué querrá.

¿La llamo? No. Su puta estabilidad matrimonial me descoloca.

Yo no sé cómo lo hace. Siempre a las carreras y parece realizada. Será falsa la muy zorra. Seguro que hay truco.

Me voy al baño a relajarme.

No. Mejor, me tomo un Tranquimazín. Y al sofá. Dice Bego que con un poco de alcohol hace más efecto. Un día lo pruebo.

Estoy jodidamente sola. Doy asco. Oigo reír a los vecinos de debajo.

Me duermo.